¿Qué hay del otro lado?

William Quinteros

Redacción
Hacer un agujero en el muro para tratar de mirar para el otro lado, parece ser la ocupación fundamental, de quienes a pesar de las euforias, dolores y decepciones futboleras, siguen preocupados por una realidad compleja, en lo económico y político en la región.
Hace ya tiempo que estamos viviendo en una realidad muy diferente a la de los años cincuenta. Hoy el destino político de cualquier país del continente tiene consecuencias inmediatas para la región. Nos ha dado cierta tranquilidad la reelección de Santos en Colombia, para nosotros la paz es el primer paso para cualquier emprendimiento. Sin embargo la situación de Brasil nos tiene más que preocupados. Hay quienes anuncian una «bancarrota» después del mundial, que nos arrastraría, ya que este vecino gigante se ha convertido en un aliado fundamental de nuestro país.
Por otra parte, seguimos sin comprender la política Argentina, (no sé si los argentinos la comprenden). Cada cosa que hacemos en nuestro paisito levanta olas de protestas y generan medidas orientadas a castigarnos o por lo menos poner trabas en nuestras relaciones. »
“Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe» y como es cierto lo que repite nuestro presidente, los países no se mudan, lo que habrá que cambiar serán los términos de las relaciones, ya que la vecindad nunca puede ser sometimiento ni dependencia. Ya está bueno de gestos amenazadores, si dragamos el Río que nos tendría que unir, que si hacemos o no un puerto de aguas profundas, que si montamos un fábrica, que si ellos, los mismos argentinos, buscan nuestro país como lugar de descanso, en fin la lista es larga, pero hay motivos para sentirse agredido.
Yo no he podido recibir de visita a mis amigos argentinos este verano porque no consiguieron superar las trabas financieras del gobierno, eso es triste, triste en lo doméstico, que no está referido ni al lavado de dinero ni a la fuga de capitales. Es lo chiquito, que en definitiva es lo que duele y lo que nos hace hermanos.
Si los gobiernos no son capaz de cuidar de estas relaciones, están haciendo un mal servicio a una política de integración regional, que beneficie a todos. Ahora el cobrar peaje en el puente que pasa por encima de la represa de Salto Grande, es una agresión al espíritu que inspiró esta obra, símbolo de integración.
Este peaje, independientemente del monto, es algo que nos marcará, de aquí para allá y de allá para acá. Bueno el mundo no se termina del otro lado del Río Uruguay, esto quizás nos impulse en otras direcciones menos conflictivas. Hay algo que si nos debe preocupar en este sentido, y es no caer en juegos «chauvinista» de patrioterismo barato.
Nosotros somos quienes somos, con un historia en materia de relaciones internacionales, donde hemos puesto siempre en primer lugar el derecho a la auto determinación de los pueblos y el principio de no injerencia en asuntos internos de otra nación. Esto no va a cambiar, pero tampoco nos vamos a dejar «correr con el poncho».
Las inversiones y los emprendimientos responsables, que el gobierno autorice y se pongan en marcha para beneficio de la nación, los vamos a defender, pues ellos representan un mejoramiento en la calidad de vida de nuestra población. Ya hemos tenido que presentarnos a organismos árbitros en asuntos internacionales, como el tribunal de la Haya. Pero no me parece adecuado seguir en ese camino. No podemos pasar corriendo de tribunal en tribunal. Merecemos que se nos trate con respeto, el mismo que nosotros profesamos, más allá de que seamos algo más de tres millones y nuestra economía una gota en un océano.
Este agujero en el muro del que hablaba, no nos permite ver panorámicamente, tenemos solo una visión inmediata, pero esta visión nos indica una necesidad imperiosa de consolidar al máximo nuestra política interior.
Vientos fuertes, seguramente para a sacudir el edificio mundial de la finanzas y el comercio este mismo año, si no somos precavidos peligramos correr la misma suerte que en el dos mil. Vamos a cambiar de gobierno en marzo del año que viene, pero ningún cambio de gobierno puede poner en juego la seguridad y calidad de vida de la nación.
Es por eso que antes de que empiece el “circo” de la campaña electoral, sería conveniente que este pequeño agujero en el muro, fuera ampliado a un ventanal, para que tanto candidatos como electores puedan de forma consciente no solamente elegir mediante el voto, sino adquirir una responsabilidad y un compromiso con los destinos de la nación.
Sé, por experiencia que esto que voy a decir es una “utopía”, pero pedir lo imposible es la única forma de ser realistas: que por encima de partidos políticos, por encima de intereses sectoriales, prime un compromiso con el país, partiendo del principio de velar por los más desfavorecidos y de apelar a los recursos de los más capaces para regir la vida de la nación independientemente del color político que profesen.

Trinidad
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