La oportunidad de empezar de nuevo

LOS JÓVENES MÁS DIFÍCILES

Mirtana López

Columnista

En estas últimas semanas han proliferado noticias sobre los jóvenes retenidos en los centros de rehabilitación de INAU. Hemos sentido que eso no podía ser cierto, que eso no ocurría en Uruguay. Porque las informaciones no tienen como centro a los jóvenes –lo que hizo, su transgresión, su culpa-, sino la forma en la que son maltratados en los “hogares” en los que deben permanecer hasta completar su “sentencia”.

Se sobreentiende que ese período más que un castigo es una etapa en la que la sociedad debe enseñarles a conducirse de otra forma. Para ello se les deberá orientar por métodos que los re eduquen hacia una mejor y mayor valoración de ellos mismos, de sus posibilidades, de la forma de integrarse socialmente. Tarea muy difícil, si las hay. Pero tarea asumida bajo las premisas mencionadas.

La situación de los “menores infractores” privados de libertad en los comienzos de los años 2000 y en el inicio de los gobiernos frenteamplistas, formaba parte de los cotidianos informativos, escandalosos y atemorizantes. Todas las semanas había alguna fuga y su estilo lograba siempre algún rasgo novedoso. El climax se alcanzó cuando hubo un motín en el que utilizaron al Diputado Lorier, a punta de cuchillo, para escapar. Esa noche pareció quedar demostrado que únicamente con el mejor diálogo del mundo no alcanzaba para contrarrestar tantos años de “antieducación” en aquellos muchachos.

Mucho, mucho trabajo; proyectos, correcciones… Hasta la creación del Sirpa, “Sistema de Responsabilidad Penal Adolescente”.
Su Director, un hombre vinculado a la Economía e integrante del Instituto Cuesta Duarte del PIT-CNT, parecía poseer la necesaria firmeza filosófica de orientación humanista junto a criterios de trabajo con grupos interdisciplinarios. Los tiempos en los que los “cuidadores de brazos gordos” decidían en los hechos las formas de trato a los menores, parecían haber pasado. Por otra parte, los informativos de TV no tuvieron más las continuas fugas para comenzar su emisión. Por el contrario, las informaciones que cada relativamente extenso período de tiempo nos llegaban, se referían a nuevas construcciones, a reparaciones y adecuaciones de los hogares, así como a inauguraciones de más plazas. Es decir, la línea trazada y seguida comenzó a ser la de continuar erradicando el hacinamiento inhabilitante de cualquier recuperación. En las filmaciones no aparecían jóvenes; pero ese cuidado y ese respeto resultaba acertado.

Hoy, en estos días, aunque dejemos de lado la mayoría de los artículos periodísticos dedicados al tema, dos informaciones nos “mueven el piso” y nos parece de valor y búsqueda de la verdad el difundirlos.

El Comité de los Derechos del Niño- Uruguay, una coalición de organizaciones sociales, presentó una denuncia ante el Comité de los Derechos del Niño de la Organización de Naciones Unidas, en Ginebra. La misma se refiere a malos tratos y torturas en el Sirpa. Las prácticas allí enumeradas no parecen posibles en nuestro país actual. Sin embargo, detengámonos en este pasaje del texto que dice: “No existe una política determinada a revertir tales prácticas. Lo habitual es desacreditar la posibilidad de que lo que el adolescente denuncia sea verdad y generalmente las autoridades de los centros apelan a descalificar el testimonio”. Además, el documento añade que normalmente los sumarios hechos contra funcionarios culminan “sin ninguna consecuencia sancionatoria para el denunciado, alentando la impunidad y la reiteración de las conductas”.(1) Porque los indagados permanecen en el mismo lugar y en contacto con los adolescentes; práctica de una nada clara conducta institucional. Como fondo de estos acontecimientos, el informe alerta sobre una “clara tendencia” a querer “profundizar el debilitamiento de los derechos reconocidos por el Código de la Niñez y la Adolescencia” reforzando el enfoque punitivo. Tendencia que, sin duda, se acrecentará en este país si triunfa en octubre la reforma constitucional por la baja a la edad de imputabilidad. Cuáles han sido las realizaciones concretas del Sirpa, qué requisitos se necesitan para los trabajadores encargados de los jóvenes, cuál es el verdadero sentido de la privación de libertad y de su utilización como elemento de recuperación o del encierro de hasta 20 horas diarias más el uso de una medicación como mecanismo de control, son otros puntos que destaca este documento que también menciona el inadecuado tratamiento que reciben los adolescentes por parte de la policía en instancias de ser detenidos o interrogados.

Junto a este conjunto de denuncias realizadas a la ONU en Ginebra por el Comité mencionado, nos enteramos que integrantes de la Institución Nacional de Derechos Humanos realizaron una visita al Centro Ser de la Colonia Berro. Acorde a la filosofía de esta Institución, se reunieron con el último equipo de dirección designado. Posteriormente, Mirtha Guianze declaró a la prensa: “Lo que nos manifestaron las autoridades es que va a haber un cambio, que hay un equipo nuevo con otras directivas, que las prácticas van a cambiar. Nosotros estamos esperando y estamos para colaborar”. Bienvenido sea todo lo que el espíritu de estas palabras trasmite, pero también es cierto que corroboran lo que el Comité de los Derechos del Niño denunció.

¿Qué conclusión sacar de todo esto? Sabemos y repetimos que no puede haber una tarea más difícil. En particular porque su materia surge de grupos sociales y seres humanos muy conflictivos. Pero también sabemos que el primer paso de sus responsables en el camino correcto no puede ser el de la imprecisión encubridora de represiones o engaños.

(1) Los citas pertenecen a “la diaria”, 18/06/04.

 

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