¡Ay, Celeste..!

Mirtana López

Columnista

El  miércoles 25 de junio, al comienzo de la noche, no hay ninguna posibilidad de escribir sobre otro tema.

Alerta mundial. Nada más importante en el mundo de la imagen que todo lo que ocurre con  la selección uruguaya y, más precisamente, alrededor del hombro de Giorgio Chiellini y del rostro de Luis Suárez. El informativo habla de “alerta mundial” con respecto al episodio Suárez-Chiellini.

¿Alerta mundial? ¡Vaya sustantivo y vaya adjetivo! ¡Qué desmesura! Si realmente Suárez agredió a otro jugador con sus enormes dientes nunca podrá transformarse en peligro para el mundo. En todo caso el alerta rige para los más fuertes de Europa, que se están despidiendo del campeonato mundial de fútbol. Alerta porque se fueron España, Inglaterra, Italia… Alerta europeo, más precisamente.

La mordida. Este alerta mundial generado en la FIFA y corporaciones periodísticas afines, toma como pretexto una reacción de Suárez. Si él cometió un error, mayores fueron los  `deslices´ punibles de toda la selección que perdió sin pena ni gloria ante Costa Rica, pero le  ganó a Inglaterra con la gloria de Suárez y a Italia con la  inspiración y la transpiración de todos. Silencio ante patadas,  trompadas, triquiñuelas de variado porte. Acaso esas incorrecciones están bendecidas para las conductas futbolísticas  puras. Pero una posible mordida… No. Aunque los psicólogos y los antropólogos encuentren motivaciones de más respetable explicación.

Palito y su rebelión. En el partido contra Inglaterra otro uruguayo infringió las normas. Fue Palito Pereira cuando  desatendió la opinión médica y se negó a salir de la cancha luego del  desmayo. ¡Barbaridad! ¡Charrúa salvaje! Qué mala imagen  y qué nefasto precedente. Sin embargo, ninguna sanción  nació de la FIFA.  Con sensatez sí surgió de los propios futbolistas que intentan ampararse para su futuro de actitudes heroicas en exceso.

El gol de espalda. A falta de la  oportunidad de Suárez para el gol, otro uruguayo, muy bien provisto de reluciente dentadura, que se cansó de detener italianos porque juega atrás, dio un paso al frente y nos enloqueció. Fue Diego Godín, quien más tarde, cuando quiso especificar el  sitio preciso de su anatomía con el que había definido el gol, dijo: “Fue con el alma”. Sin duda; fue con el alma.

La espera.  Hoy, jueves de mañana, vuelve a postergarse el ya famoso “fallo de la Fifa”. ¡Qué coronarias a prueba de todo las del Maestro Tabárez! Con esa magistral prolijidad un poco chueca que los años le van dejando, enfrentó a la BBC, a toda la prensa inglesa y a alguno más que estuviera por errar el camino. Detrás de él, unas horas después, nuestro gran capitán logró controlar más sus gestos que su palabra para alcanzar un impredecible objetivo: revivió al mismísimo imperio británico con todas sus colonias. ¿Se lo propuso?

Dicen que volverá. “Dicen que se fue, dicen que está acá, dicen que se ha muerto, dicen que volverá…”  ¿De quién hablaba el poeta letrista? ¿De Suárez? ¿Del fantasma del 50? ¿De algún pequeño país de este mundo? No se sabe. Pero lo anunció.

 Celeste, regaláme un gol. Con  toda esta inmensa teatralización de la Justicia Fifa, nos robaron el único, el verdadero éxito de nuestra selección: la alegría de ganarle a Italia en buena ley; como lo hizo. Pero desde esta tarde, resuelva lo que quiera la autoridad mundial del fútbol, todos nosotros vamos a estar, esperando el sábado y entonando: ¡Ay Celeste, regaláme un gol! ¿Quién te dice que no esperemos a Brasil en Maracaná?

PD. Terminado este comentario, jueves al mediodía, llega la decisión de Fifa. Qué decir: La injusticia campea en el mundo. En Maracaná, no será con Luis.

 

Trinidad
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