La vieja Plaza de Deportes

ESTAMPAS DE MI CIUDAD
Lic. Hugo Varerla Brown

Redacción
En mis manos ECOS REGIONALES del 25/7 en el cual con gratos recuerdos nuestro colega Federico Paolino en sus “semblanzas y vivencias” rememora una brillante generación de “hacedores del deporte de Flores”, lista que por supuesto siempre resulta corta en su evocación.
Antiguas canchas, algunas hoy en actividad, innumerables anécdotas, incontables experiencias que nos da para afirmar: “lindo haberlo vivido para poderlo compartir”.

Muchos de los allí mencionados engalanaron los torneos y actividades de la VIEJA Y QUERIDA PLAZA DE DEPORTES, que hoy mencionamos en estas líneas.
“Bajo la vigilancia del gran Ciriaco López” -expresa el coterráneo- se escribió la historia grande de una parte del deporte de Flores. La Plaza de Deportes, con dos canchas de básquetbol, una bituminazada y la que daba a Fondar de tierra, dos de vóleibol y la de fútbol de balasto, donde se disputaban los campeonatos escolares y era riesgoso caerse y no “pelarse” alguna rodilla.

En tiempos que el Estadio Artigas estaba en reparaciones, los campeonatos de básquetbol se disputaban en la Plaza de Deportes, con los viejos clubes que le dieron color a nuestro baloncesto: Independiente de Ciriaco López, Sparta de Ariel Rusiñol, Deportivo América del Fino Rodríguez, el Porongos de los hermanos Herrero, posteriormente Cerro y Santa Bárbara, competían en los fríos inviernos en la Plaza de Deportes, con la particularidad que había que tener mucho cuidado para “bolear” la pelota debido a lo bajo de los focos atravesados con cables por encima de la cancha, donde asiduamente se quemaban por el choque con la pelota, teniendo a veces problemas para finalizar los partidos por la poca iluminación que a veces quedaba.

La Plaza de Deportes del “gran Ciriaco”, de Mario Sastre, Godoy Montes de Oca, la señora de Picart, el rengo Sassetti, funcionarios incondicionales y populares pues eran los que ponían el ritmo y el orden a la juventud que tarde a tarde se reunía en la Vieja Plaza de Deportes.
Sus vestuarios, para la época muy buenos, permitían también entrenarse a algunos equipos de la primera división del fútbol local. Sus instalaciones servían de lugar para sesionar las ligas deportivas en sus diversas manifestaciones. Aún el vóleibol no tenía competencia oficial y se jugaba en forma recreativa, existiendo sí el torneo escolar de fútbol que convocaba a muchos padres, actividades pioneras para que luego surgiera la Liga de baby fútbol.

Pisaron la cancha de la Plaza de Deportes, además de los mencionados por Paolino y junto a ellos: Cachirulo Leiva, el Verdugo Moyano, Ricardo Belén, René y Pablo Moyano, el flaco Líber Gómez, Vicente López, el Chino Hornos, el Patón Acosta, Martín Mendizábal, Daniel Daguerre y tantos otros coterráneos, algunos de los cuales integraron la selección celeste en los torneos del Sur.

La Vieja y querida Plaza de Deportes, hoy ha sido modificada en su estructura, teniendo las generaciones más jóvenes la imagen renovada y modernizada.
Cuando Trinidad ofrecía muy pocos atractivos para la juventud, aquella Plaza, que hoy recordamos era centro de integración social y deportiva de la muchachada poronguera, donde en los amplios portones que daban a calle Artigas, se agrupaban los vendedores ambulantes de caramelos, churros y maníes, recordando a Pedro Umpiérrez que muchas veces dejaba la manisera en la vereda y se sumaba a algún partido de básquetbol improvisado que se generaba en las canchas de nuestra Plaza.

Los jóvenes acudían la mayoría en bibicletas o a pie, poca moto u otra locomoción se veía por Trinidad, los frondosos árboles que cobijaban con su sombra la parte central de la Plaza, donde estaban los bancos, eran lugar obligado de descanso de sus funcionarios, centro de anécdotas y de vigilancia cuando la juventud se volcaba en gran número, compartiendo además los diversos juegos y aparatos de gimnasia allí existentes.

Nos sumamos desde aquí al homenaje y al recuerdo de esa generación de la edad ochenta, que supieron darle al deporte de Flores el movimiento que necesitaba, asentándose en la vieja y querida Plaza de Deportes, una historia grande de nuestra actividad deportiva y de nuestro sano esparcimiento juvenil.

 

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