La utopía de un capitalismo ‘en serio’

David Rabinovich

Columnista
Salvo algún insulto ‘livianito’ que no encuentra –para desesperación de los medios- mayor eco en los aludidos, la campaña hacia el balotaje parece una película en blanco y negro, muda, que pasa en cámara lenta. El Frente Amplio sigue recogiendo adhesiones y anuncios de voto en blanco -que también lo favorecen- entre colorados y algún blanco. No son muchos, pero resuenan porque hay poco que analizar y menos para comentar. Las encuestan anuncian una diferencia de por lo menos un 10% en los resultados.

Vázquez y Sendic siguen explicando su programa y anunciando algunas cosas concretas que se comprometen realizar en el próximo gobierno. Una suerte de precalentamiento para la batalla de mayo. Esa va a ser dura.
El país navega con rumbo previsible, no hay tormentas en el horizonte. Las raíces de los árboles están quietas y firmes aunque la naturaleza nos recuerde inclemente que –si se pone de mal humor- puede arrancarlos de cuajo.

Cuando José Mujica dijo que los objetivos políticos, en el corto y mediano plazo, no iban más allá de construir “un capitalismo en serio” resultó un profeta. Mujica compartió un «desayuno de trabajo» con la cúpula sindical uruguaya, acompañado por los ministros Fernando Lorenzo (Economía), Eduardo Brenta (Trabajo), Roberto Kreimerman (Industria), Daniel Olesker (Desarrollo Social), Enrique Pintado (Transporte) y Raquel Lejtreger (interina de Vivienda). Habló, aquel 4 de diciembre de 2012, frente a 400 dirigentes gremiales en la sede central del PIT-CNT.*

Progresismo. «Es el intento de mitigar las injusticias del capitalismo, mejorar la distribución, mejorar el ingreso y acotar las diferencias de clase», dijo el presidente. (…) «un conjunto de reformas que son sucesivas, acumulativas, y que encajan con la democracia representativa perfectamente».

Para ‘El Pepe’ «el advenimiento de sociedades mejores requiere como presupuesto básico y mínimo sociedades decentes desde el punto de vista económico, que por lo tanto tienen que desarrollar al máximo, en esta etapa, la fuerza productiva y la masificación del conocimiento y la cultura».

“Ese mismo año, el 19 de diciembre reivindicó al capitalismo «en serio» como herramienta para la prosperidad económica ante 200 empresarios hoteleros, inmobiliarios y gastronómicos, en Punta del Este.” Y más explícito, durante una entrevista con el periodista Guillermo Lussich dijo: «Si la inversión es el motor de la expansión económica, para invertir se necesita tener voluntad de riesgo. A esa voluntad de riesgo hay que ayudarla. Porque si yo la estoy amenazando y el tipo tiene incertidumbres, no da ese salto de riesgo. Y ese es el motor que está empujando el aumento constante y el desarrollo de la economía».

«Así se mueve la economía capitalista y esto hay que reconocerlo con objetividad. Si uno tira demasiado de la piola, ¿qué pasa? Hace peligrar el análisis de futura rentabilidad que el empresario puede tener y el tipo no corre el riesgo. Y se va para otro lado o se queda quieto. Sencillamente, es eso», lo dijo durante la entrevista, transmitida por los programas «Punta Política» de Canal 11 de Punta del Este y «Realidad 2012″ de Canal 3 de Colonia”.
Lo que quiere la gente. “Yo no creo que se pueda crear ningún socialismo para repartir miseria. Porque eso es repartir angustia. Y la gente no quiere angustia. La gente quiere vivir lo mejor posible, masivamente».
Aclarando el sentido de su pragmatismo el presidente explicó que están «aquellos que creen que esto queda ahí, en un conjunto de reformas sucesivas, tratando de mitigar las peores vergüenzas del capitalismo para lograr una sociedad relativamente más justa, más rica y menos ignorante, aunque la cosa queda ahí».
Por otro lado, agregó, hay «otros que soñamos que hay que crear las condiciones sociales para otro tipo de sociedad».

Los dilemas opositores. Los argumentos de la oposición resultan insustanciales y si los anima un espíritu restaurador se ven obligados a ocultarlo cuidadosamente. Sólo les queda prometer “hacerlo mejor”, poner una gran lupa de aumento sobre los errores cometidos, que los hay por supuesto, y “hacernos promesas que nunca cumplieron”. Sin antecedentes ni credenciales que avalen la seriedad de sus propuestas, la oposición se debate en el mayor desconcierto.
Ortodoxos y renovadores. Conservadores o progresistas, los políticos uruguayos podrían clasificarse en renovadores y ortodoxos, pero los hay de derecha tanto como de izquierda. Y las definiciones son vagas, imprecisas. Parecen haberse extinguido especies enteras. ¿Acaso hay comunistas, socialistas, anarquistas, fascistas…? ¿Cuántos? Quizá no asistimos al “fin de la historia” pero ¿estamos ante el fin de las ideologías?

La gestión y el papel de la tecnocracia en la administración del capitalismo, con la finalidad de limar sus aristas más duras y construir sociedades más justas, es ampliamente reivindicada por una ortodoxia de izquierda que alimenta al pensamiento y la acción “progresista”. Pero “la gran inversión” es protagonista dominante del crecimiento económico y a éste se le considera condición imprescindible para un futuro venturoso, aunque postergado sin fecha cierta. Mientras tanto la realidad del mundo muestra que la gran empresa trasnacional, el mundo de las finanzas, los organismos internacionales cuya integración no la vota la gente sino que se decide en un círculo selecto y endogámico, conduce el mundo a las guerras, la destrucción del medio ambiente, la marginación absoluta de millones de personas, la degradación de la diversidad cultural…

El progresismo se ha embanderado con una nueva agenda de derechos absolutamente compartible, pero a veces, perdemos de vista que hay derechos básicos que, en amplias zonas del planeta, no tienen valor alguno. Estos derechos, de primera generación, tampoco son disfrutados por todos los uruguayos y mucho menos por todos los habitantes de la región. Hay menos pobres y menos indigentes… siguen siendo demasiados. La desigualdad es menor… sigue siendo inadmisible. Simplemente el capitalismo no funciona y no hay una forma de capitalismo seria, menos todavía “buena”. La lógica del despojo, del egoísmo y el todo vale, termina por imponerse en última instancia porque es la esencia del sistema.

Los que queremos construir otro sistema diferente de convivencia, alternativo, contradictorio con el status quo y para lo cual hay que desarmar el poder del capital y sustituirlo por el del humanismo, enfrentamos una pelea desigual y por ahora “quijotesca”. Pero el camino no es, considero, apoyar a la derecha, ni querer todo y ya. El camino es construir una cultura, un pensamiento anticapitalista que se concrete en organización. Conciencia que se transforma en poder popular, genera más y se mejora a sí misma para fortalecer ese poder.
Todo esto es pensamiento socialista -o algo parecido- y quizá resulta demasiado renovador. Removedor, sin dudas. ¿Inoportuno? Quizá. Irritante, sin duda.

*FUENTE: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=161802