Lo que dejó la decisión irreprochable del pueblo

Con el desarrollo de las elecciones departamentales y municipales culminó el domingo 10 de mayo el largo proceso electoral en nuestro país.
Los uruguayos dieron el domingo otra lección de democracia participativa, exponiendo una vez más, como ha sido histórico, su gran vocación republicana eligiendo en clima de paz y tolerancia a los Intendentes, Ediles, Alcaldes y Concejales que gobernarán en los próximos cinco años.
Más allá de la obligatoriedad del voto, un hecho a tener en cuenta a la hora de medir los porcentajes de participación, igualmente quedó demostrado que los ciudadanos uruguayos siempre están predispuestos a concurrir a las urnas sobre todo por obligación moral, sabiendo que de esa manera se está construyendo el destino de una nación. Un alto porcentaje de votantes a nivel nacional dan la pauta de ese deseo de participar, consciente de lo que ese sufragio significa.
Flores no es la excepción en ese sentido, manifestándose en las urnas más del noventa por ciento de los ciudadanos habilitados para votar, lo que certifica que existe una firme conciencia democrática, la que en definitiva asegura la vigencia de un sistema sostenido en la libertad y el derecho.
¿Qué dejó esta instancia electoral? Muchas cosas que dejan margen para un análisis mesurado y sin apasionamientos. En primer término la confirmación de que los ciudadanos de nuestro departamento en particular toman como muy diferente a la elección nacional de la departamental. Salta a la vista ese hecho, con mayor notoriedad en esta instancia electoral donde las candidaturas del Partido Nacional a la Intendencia se han nutrido en gran medida de votos de ciudadanos que en la elección de octubre expresaron su voluntad en favor del Frente Amplio y del Partido Colorado.
El Partido Nacional registró en Flores una votación histórica, cercana al ochenta por ciento (77,89%), provocando una sangría inédita en la coalición de izquierda que votó el domingo apenas el 11,13%, lo que implica la pérdida de 4.500 votos con respecto a la elección nacional. Al mismo tiempo el Partido Colorado se desbarranca, habiendo registrado solo el 5,45% de votación a nivel departamental, habiendo perdido más de mil votos en seis meses.
De esta manera el departamento de Flores se convierte en el bastión más importante del Partido Nacional, consolidando su gobierno y por si fuera poco exhibiendo la figura de un nuevo líder –Fernando Echeverría- que forma parte de la nueva generación de políticos, en otra expresión que revela cuál es la mirada que sobre el escenario local está realizando la ciudadanía, más allá de los Partidos.
Es cierto que la polarización entre las dos corrientes nacionalistas, a la luz de la fortaleza de los candidatos que pugnaron por la Intendencia (Echeverría-Mazzulo), contribuyó al logro de 15.678 votos, una cifra quizá  inesperada hasta para los blancos más arraigados a la divisa, pero detrás de este fenómeno hay algo más para descubrir.
El Frente Amplio, si bien sigue siendo la segunda fuerza política en lo departamental, se ha visto sacudido por una cruda realidad, lo que lo lleva a asumir la peor crisis desde la restauración democrática. La votación que apenas supera las dos mil voluntades, evidencia que la ciudadanía a la hora de decidir su voto no solo toma en cuenta la oferta en materia de candidaturas, sino otros aspectos que tienen que ver con la “interna” de la fuerza política. Eso implica, contrariamente a lo que algunos piensan, que la gente está informada y es capaz de evaluar a la hora de resolver temas tan importantes como es elegir a los nuevos gobernantes.
La interna “revuelta” frenteamplista que tuvo su punto neurálgico al momento de elegir a sus candidatas, con  todo lo que implica para la coalición de izquierda desoír a su Plenario en el momento más crucial, lo pagó muy caro. Esas son las consecuencias que no pueden pasar inadvertidas para sus dirigentes, más tomando en cuenta que el Frente Amplio es gobierno y acaba de conquistar seis Intendencias en todo el país.
Es más que claro que fueron los votantes desencantados del Frente Amplio quienes incidieron en el resultado de esta elección departamental, más el “aporte” que hizo la debacle experimentada por el Partido Colorado, a quien no le alcanzó el entusiasmo de las nuevas figuras que propuso en la campaña.
Lo cierto es que lo acontecido en la elección del domingo 10 se verá reflejado en los próximos cinco años de gobierno. Reflejo que se será más notorio en una Junta Departamental con una mayoría absoluta del Partido Nacional y una oposición muy disminuida, con un Frente Amplio con menos de la mitad de los ediles que obtuvo en el año 2010, y con un Partido Colorado que apenas pudo mantener una banca.
Dependerá de la actitud del Partido Nacional y de lo que pueda suceder en su propia interna dentro del legislativo –aspecto que no es menor-, para ver qué papel jugará la oposición frenteamplista y colorada, o mejor dicho qué participación tendrá en las decisiones de los grandes temas que incumben a toda la sociedad.
Por otra parte, celebramos lo acontecido en Ismael Cortinas que eligió por segunda vez a sus gobernantes locales, conformando un Municipio con representantes blancos y frenteamplistas, reeligiendo a Luz Echande como Alcaldesa y asumiendo la responsabilidad de consolidar un tercer nivel de gobierno, que es imprescindible para poder concretar una auténtica descentralización.