Semblanzas, vivencias

Federico Paolino
Redacción

Sin lugar a dudas una de las disciplinas más sacrificadas dentro de la práctica del deporte, es el atletismo.
Felizmente en estos momentos se está viviendo una etapa de gran auge en nuestro país, donde vemos la cantidad de clásicas “Maratones” en las diferentes ciudades y también en las pistas.
Debido al surgimiento en nuestra ciudad de María Pía Fernández, que con sus juveniles 20 años está batiendo récords nacionales en distintas pistas sudamericanas, queríamos hacer referencia a algunos años atrás.
Allá por 1940 y pico, mientras en la vieja Europa estaba en pleno auge la Segunda Guerra Mundial, con seis millones de muertos, aquí en nuestra tranquila Trinidad se inaugura la Plaza de Deportes, bajo la dirección técnica del Prof. Héctor Santín Merklen Budelli, quien sembró y recogió una juventud que fue desarrollando todo tipo de disciplinas deportivas, Posteriormente se trasladó a la vecina ciudad de Durazno donde también hizo una obra brillante.
Aquí en nuestro medio empezamos a ver a través de los años y con distintos profesores a los maratonistas Gilberto “Canario” Sánchez (que estuvo en Europa luchando por su Francia libre), Juan Gau, Oscar Carrión quienes compitieron en todo el país y en la Argentina, Gómez, Ríos, el Negro Emilio Lafont que fundó en el barrio del Parque Lavalleja al Club Rampla con un gran plantel de muchachos; el Club Sta. Bárbara con su pista propia y también con un grupo grande de integrantes en distintas ramas; el Vasco Alberto Lasarte que cosechó grandes tiempos en todo el país, Cañete Reyes, Juan A. Tejera, el italiano Julio Mombelli y su hermano José, Edmundo “Marcapito” Suárez, Pepe Marzoa en salto con garrocha, los hermanos Garateguy, la Petiza Estévez, Martha Bequio. Y esto es un botón para muestra, ya que la lista es muy larga.
Y termino con esta anécdota que me la contaron; en el Grupo de Artillería había un solado de apellido Sabina que vivía en Santísima Trinidad e Independencia, un hombre de mucha fuerza, físico privilegiado, competía en los lanzamientos de bala, jabalina, martillo. Aquí era imbatible. Su oficio era herrero, encargado de los caballos del Regimiento. Un día le tocó herrar un caballo nervioso y luego de varios intentos no pudo, tal fue el enojo que le tiró una trompada pegándole en la cabeza al animal que cayó al suelo, Sabina miró al caballo y dijo “este se terminó, que traigan otro…”.

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