Ser y no parecer pobres

Hasta no hace mucho “Ser de clase media” significaba tener cierto nivel de vida, cierta cultura y una forma de pensar más o menos común a sus integrantes. Hoy la definición se basa en los ingresos: Quienes superaran los $ 6.949,24 están por encima de “la línea de pobreza”. (1)

David Rabinovich
Columnista

Por una reciente publicación y los múltiples comentarios que han surgido a partir de ese estudio nos enteramos de una realidad insospechada para muchos de nosotros.
“Si bien la clase media se duplicó en las últimas dos décadas, la mitad de las familias que la integran se encuentra en situación vulnerable a caer en la pobreza”, señala el sexto cuaderno sobre Desarrollo Humano, “Clases medias en Uruguay. Entre la consolidación y la vulnerabilidad”, de la serie el “Futuro en Foco” que edita el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Uruguay.

El método usado en el estudio no se limita a “identificar a las clases medias como aquellos que no son ni ricos ni pobres sino que permite realizar cortes a la interna en función de la mayor o menor vulnerabilidad de (¿volver?) a caer en la pobreza.”
El informe reconoce cuatro grupos sociales a partir de una definición monetaria: “hogares en situación de pobreza; estratos de ingreso medio – vulnerables; estratos de ingreso medio – consolidados; estratos de altos ingresos.” El Uruguay –visto de esta forma- tiene una extendida clase media, que se divide entre “consolidada” y vulnerable”.

“Según el estudio, el 51,8% de los uruguayos es de clase media vulnerable, el 30,5% es de clase media consolidada, el 8,1% es de nivel adquisitivo alto y el 9,6% de nivel adquisitivo bajo, de acuerdo a datos de la encuesta de hogares de 2012 del Instituto Nacional de Estadística (INE)”.

Se afirma, siempre en base al criterio elegido para la ‘clasificación’ de la gente que: «Existen ciertos hogares que logran salir de la pobreza, pero se encuentran en una situación de inseguridad económica que no les permite la estabilidad en términos de consumo y tenencia de activos». Se nos considera de acuerdo a lo que somos capaces de consumir y/o acumular de bienes materiales, no de lo que somos o podemos llegar a ser como personas en dimensiones como la educación o la cultura. El ‘mercado’ nos mide y valora.

Sin embargo las autoras señalaron la “fragilidad” de la clase media “vulnerable”. “Plantearon que las políticas públicas presentan “retos adicionales” basados “en el de garantizar que (estos sectores) no vuelvan a caer en esa situación y que, una vez traspasado el umbral definitorio de ingresos, continúen aumentando sus activos en términos -como mínimo- de acceso a servicios educativos, de salud, de vivienda y de transporte de calidad”. Tres dimensiones en materia de servicios públicos que engloban necesariamente agua potable, saneamiento, comunicaciones y algunas cosas más. Debería considerarse también el acceso a espacios públicos y servicios culturales. En resumen: también podríamos considerar que, para salir de la pobreza, es necesario acceder a la plena satisfacción de todos nuestros derechos humanos. Pero eso es más difícil de medir en plata e imposible de solucionar por medio del mercado transformando todo en mercancías a las que se accede cuando se detenta la condición de ser “demanda efectiva”. (2).

Pobreza
Se constata que la forma de medir la realidad tiene mucho que ver con la ideología que sirve de sustento a las ciencias sociales y el enfoque con que éstas estudian la sociedad. O sea, cómo nos estudian determina qué y cómo somos. Un pensamiento que me resulta inquietante.
Veamos las cifras oficiales.
•La pobreza alcanzó al 11,5 % de las personas y 7,8% de los hogares en 2013 (INE, 2014)
•La indigencia ascendió al 0,5% de las personas y 0.3% de los hogares en 2013 (INE, 2014)
•La incidencia de la pobreza en niños menores de 6 años fue de 22,6%; en niños de entre 6 y 12 años es de 21,2% y en adolescentes de entre 13 y 17 años 19,9% (INE, 2014) ¿63,7% de niños, niñas y adolescentes son pobres, en una población donde sólo hay 11,5% de pobreza total? Primera reflexión: los números parecen contravenir la estimación de la pobreza. Segunda: ¡Qué futuro nos espera!

Estas realidades tienen que ver con el mundo del trabajo. Más de un cuarto de la población trabaja sin el amparo de las leyes sociales (en negro). El dato oficial dice: Tasa de informalidad: 25,6% (Informe país – ODM Uruguay 2013).
Por último, en el informe se afirma que el 8,1% pertenece a los sectores de altos ingresos. Allí no hay vulnerables, pero sí impunes. Dónde están los estudios sobre ese sector de la población, qué tienen, cuánto reciben de la renta nacional, cómo llegaron esos pocos hogares a la privilegiada situación que detentan. El PNUD sólo estudia la pobreza;  debería preocuparse por el problema de la acumulación de riqueza, porque en esa apropiación está la clave y los recursos para terminar con la pobreza, la indigencia y la injusticia. Lo he dicho antes y antes que yo otros: El origen del problema son los ricos, no los pobres.

(1)  La línea de pobreza, para el interior urbano, se establecía en Mayo de este año en $ 6.949,24
(2) La demanda efectiva es lo que las personas quieren obtener junto con la capacidad de hacer efectivo ese deseo o necesidad. Es la que tiene con qué pagar. Necesitar o desear no es suficiente para tener.