Centros poblados rurales, su gente y el gobierno

Muchas veces cuando hablamos de Flores enfocamos la mirada en la ciudad capital, Trinidad, por ser la que concentra la inmensa mayoría de la población del departamento. Sin embargo más de tres mil personas viven en los centros poblados diseminados en las distintas zonas, y en viviendas aisladas de nuestra campaña, que son tan porongueros como los que viven en la capital. Por tanto, esas familias que residen en el medio rural tienen el mismo derecho que los trinitarios a recibir los mejores servicios por parte del gobierno departamental, que es donde todos los ciudadanos vuelcan los recursos por concepto de tributos municipales.
Dentro de los centros poblados Villa Ismael Cortinas es quien cuenta con mayor atención desde todo punto de vista, inclusive de los medios de comunicación, por ser la segunda localidad en importancia, por población y porque se instala allí un tercer nivel de gobierno que tiene gran incidencia en el desarrollo de planes que recogen el sentir de los vecinos.
Otros centros poblados cuentan con menor población, pero eso no significa que La Casilla, Juan José Castro, Andresito, Cerro Colorado, Puntas del Sauce, por nombrar algunos, no tengan los mismos derechos a ser atendidos de buena forma por el gobierno departamental.
Queremos decir que esos lugares no pueden permanecer ajenos a la acción del gobierno, porque siempre hay muchas cosas para hacer, en mantenimiento de lo que ya hay pero también en mejoras que impliquen un progreso, que apunte fundamentalmente a una mejor condición de vida de sus pobladores.
Pensamos que nunca como en los centros poblados debe escucharse a los vecinos, para que sean ellos los que manifiesten cuáles son sus principales necesidades. No basta con inaugurar viviendas o mejorar caminos en esos sitios, si luego los gobernantes no aparecen nunca más a compartir inquietudes con los residentes, de donde siempre surgen iniciativas de bien común para sus comunidades pequeñas.
En algunos de esos centros poblados hay funcionarios municipales cumpliendo tareas, que han sido los responsables de mantener -como han podido- en condiciones esos lugares, pero entendemos que  es hora de sumar incentivos, para que sea elevada la propia condición humana de quienes desarrollan trabajos para la comunidad a la que sirven.
No estamos hablando exclusivamente de mejores salarios, tema que es coordinado entre el ejecutivo y el gremio que los defiende, sino de otro tipo de promoción humana que “no tiene precio”, como es, por ejemplo, darles participación para que se sientan realmente “servidores públicos” y que junto con los vecinos organizados sean quienes planteen iniciativas tendientes a mejorar esos lugares.
Alguien podrá decir que no es fácil esa tarea y nosotros respondemos que estamos de acuerdo con ese concepto, pero “no hay peor gestión que la que no se hace”, como dice el refrán popular.
Muchas veces es necesario ese tipo de “incentivo”, que se da también con la presencia frecuente de los gobernantes en esos lugares, como forma de demostrar interés por las cosas que por pequeñas que parezcan siempre son importantes para los lugareños.
Es lo que pensamos.