¿Quién manda a quién?

TRIBUNA ABIERTA

William Quinteros
Columnista

Tal como lo anunciáramos en la nota anterior, la renuncia de Mónica Xavier desató la “tormentita”, sobre el recambio de la presidencia del Frente Amplio. De lo que hemos visto y escuchado hasta el momento, de parte de los actores principales, queda de manifiesto  que no existe una clara visión política clara en cuanto a lo que es la gestión del gobierno y el accionar de la fuerza política.
Por otro lado, la exagerada sectorización, que fuerza la discusión con formulaciones definitivas, casi de rompimiento, se parece mucho a una crisis de infantilismo en la izquierda. Esto demuestra un bajo nivel de la capacidad de análisis político, donde priman intereses de “chacritas”, propios de épocas pasadas y formas de hacer política que dejaron al país, en épocas anteriores, en muy mala situación.
No es que el Frente esté dividido, no, en eso la oposición demuestra que nunca entendió de qué forma funciona la unidad del Frente. El Frente está unido por un programa que resuelve las necesidades básicas de sobrevivencia de los grupos que lo integran. Eso fue lo que no lograron los sectores de derecha con la triste recordada “Concertación”.

La presidencia del Frente Amplio ya no resiste su forma unipersonal, no digo con esto que un sistema colegiado vaya a resolver los problemas de fondo del Frente Amplio, de lo que sí se trata de evitar es de brindar un “blanco”, sobre el cual se disparen las críticas tanto de unos como de otros.  Aunque defendemos el valor de la crítica como método, no lo acepto como forma de socavar la estructura política de la organización.

Otro aspecto que debemos tener muy en cuenta durante la discusión planteada es la diferenciación del tema: se trata de la fuerza política y su programa, eso, solo eso, y no la gestión del gobierno. Son dos niveles de análisis muy diferentes, como decía, no mezclar los mellizos, porque si hoy puede que sean mellizos,  mañana no se sabe. La fuerza política es la instancia fundamental en la práctica democrática, entendiendo ésta, como la posibilidad de participación en las decisiones fundamentales que hacen al destino del país.
Ya lo dijimos, pero es bueno repetirlo, es el programa del Frente Amplio aprobado por toda la fuerza política a quien debemos fidelidad primordial. Por lo tanto quien presida el Frente Amplio sea uno o sean varios solo se comprometen a velar por el cumplimiento del programa, de corto, mediano y largo plazo.

Empezar a largar nombres en la situación actual, es solo colaborar para mayores enfrentamientos, porque sabido es que no existen, no pueden existir, candidatos ideales que satisfagan a la totalidad, eso sería caer en el caudillismo o cosas peores aún, como despotismos que impiden los cuestionamientos. Sí tenemos que darnos plazos razonables, para masticar y digerir el tema de forma adecuada. Antes de buscar personas o nombres, tenemos que tener claro que el método de análisis  a emplear, debe contemplar la situación presente y su proyección futura de la fuerza política. Un ejemplo: es absurdo no tener en cuenta la necesidad de incorporar cuadros nuevos que faciliten el recambio generacional. Estos cuadros no se inventan de la nada, lleva años de preparación teórica y práctica, para quienes aspiran a desempeñar cargos de responsabilidad.
No se puede improvisar, aunque la política muchas veces parece una payada de contrapunto,  el mundo moderno exige hoy personas con mucha competencia formal ademas de sus dones personales y carismas.
Un tema insoslayable es la actual dualidad estructural del país. Montevideo y la línea costera de Canelones, aledaños de la capital y puerto, con una población que supera más del 50% de la población nacional  en contraste con una extensión territorial despoblada y con malas vías de comunicación como es el Interior profundo.  Sin embargo las elecciones nacionales demostraron un importante cambio en el comportamiento de la población, fue en ese Interior despoblado, casi marginado, donde el Frente Amplio creció.  Se recuperaron Intendencias como la de Salto y Paysandu y se logró teriunfar en Río Negro. Esto es importante a la hora de pensar en la presidencia del Frente Amplio.

Una de las misiones más importantes de la presidencia del Frente Amplio debería ser la construcción  de un discurso  que abarcara la totalidad de la nación, abandonando la preponderancia del tono capitalino a que nos tienen acostumbrado los voceros de la fuerza política. Otra de las propuestas podría ser, que en caso de elegir una presidencia colegiada, una parte de los miembros fueran habitantes del Interior  (de al norte del Río Negro, mejor aún) y que, repitiendo mi postura de la nota anterior, no ocuparan cargos de gobierno.
El dramatismo del momento que vive el Frente Amplio no tiene como razón fundamental el cambio en la presidencia, lo cual debería ser una cuestión de rutina, el dramatismo surge de la necesidad urgente de definir más claramente los roles de la fuerza política, su independencia del gobierno y la de elaborar una estrategia para profundizar en el cumplimiento del programa. En este sentido se enfrentan quienes defienden una postura institucionalista alineando la acción del Frente a la gestión del gobierno, en  contra estan aquellos que creen en la fuerza de las organizaciones sociales de base como elementos dinamizadores de los cambios necesarios.

En realidad es una falsa diyuntiva, pues el espacio político logrado al ser gobierno debería ser usado para promover las organizaciones de base, mientras que el gobierno avanza en la consecución de los cambios sociales apoyados en las bases organizadas. Gobernar si, pero con la fuerza política movilizada.