“…Que 30 años no son nada”

INFORME

William Quinteros
Columnista

En distintas partes del mundo donde se concentran uruguayos desplazados por diferentes causas, se van a realizar actividades para poner de manifiesto, que hace treinta años volvíamos a la democracia. Es una iniciativa, en muchos lugares, auspiciada por las representaciones diplomáticas del Uruguay. Por ejemplo aquí, en Noruega lo haremos el 15 de setiembre en el Aula de la Universidad en Oslo. Sin duda es una oportunidad para reflexionar no solamente sobre nuestro proceso político reciente, sino en general sobre el alcance y límites del sistema democrático, que como dijo en su oportunidad Sir Winston Churchill, no es un buen sistema, pero es el menos malo.

He sido honrado con la posibilidad de realizar una ponencia al respecto, como así mismo de participar como integrante de la mesa, durante un panel de discusión. Es sin duda un honor, pero es también un desafío en lo personal, pues de lo que se trata es de ser honesto con nuestra conciencia. En este sentido hay una pregunta para la cual no tengo una respuesta clara y contundente: ¿Cuándo comenzó el proceso de retorno a la democracia?  Y al intentar responder, otra pregunta hace más difícil aún el análisis: ¿Cuándo perdimos nuestra democracia?

Si nos circunscribimos a solo aspectos formales, digamos que fue aquel invierno del 73 en que un grupo de militares irrumpe en nuestro templo legislativo, para arrojar fuera a quienes habían sido electos, pocos meses antes, en unas elecciones “libres” pero llena de suspenso. Como ahora estoy compartiendo con usted, vecina/o, amigo de ECOS, debo confesar que mis recuerdos del aquel 1972 en nada se parecen a la democracia. Fueron tiempos de miedos, de inseguridad. Salíamos de nuestros hogares, pero nunca podíamos decir si volveríamos. De hecho, muchos, muchos no volvieron. Tampoco en nuestros hogares estábamos a buen recaudo, cualquiera fuera la hora del día o de la noche, las Fuerzas Conjuntas podían entrar a “saco” en nuestras casas. Por eso digo, el 27 de junio del 73, fue el hecho formal que nos introducía en una larga noche oscura, llena de pesadillas. Entonces nos preguntamos, ¿fue en 1985 en que vimos asomar el sol? Aquí seguramente cada uno de nosotros habremos de responder en función de nuestras vivencias personales, pienso que esas vivencias, son las más importantes, mucho más importante que los análisis y evaluaciones de politólogos y sociólogos, porque ya para ese entonces, el tejido social estaba muy mal trecho. Tanto, que aun teníamos a Wilson Ferreira Aldunate, con eso quiero decir, una parte enorme del pueblo uruguayo, privado de libertad y de sus derechos de ciudadano. Por eso me animo a decir, no, aun las tinieblas y oscuridad prevalecían sobre el paisaje político.

Sabemos que el amanecer es, como lo describían los griegos, una lucha entre la luz y las tinieblas, para mí es un alumbramiento, es un parto y como tal, doloroso y puede llegar a ser también largo y dificultoso. En este largo proceso, fue, que en 1985, recién empezamos a ver el día que habría de nacer, pero aún no lo veíamos cabalmente.
Al llegar a ese punto es que nos preguntamos, ¿Cómo fue posible? ¿Cómo se fue gestado ese sol que no termina de salir? Aquí mi respuesta se hace personal, sin desmerecer todas las otras respuestas.

Fuel el mismo 27 de junio del 73, que comenzó a salir el sol, fue aquel “cinco a las cinco de la tarde” que plantó la semilla que habría de ir germinando, abonada con sangre, regada con lágrimas. Fue la huelga general, el pueblo en la calle la que dio el mensaje inequívoco de que habría, más temprano que tarde, de salir el sol, borrando las tinieblas.

Paso a paso, dentro del país, como fuera de fronteras, se fue creando aquella mayoría, que destruyó el intento tiránico de perpetuar la noche de los tiempos, mediante una reforma de la carta constitucional, que pretendía dar poderes ilimitados a los dictadores de turno. Aquel plebiscito orquestado y digitado por la dictadura cívico-militar, impuesto aun por medio del terror, fue la oportunidad que tuvo el pueblo uruguayo de darle la primera bofetada al régimen. Fue tan contundente la respuesta del pueblo oriental, que dejó anonadados a los déspotas de turno. Al mismo tiempo creció la certeza de que era posible un nuevo amanecer. “A redoblar muchachos la esperanza…” fueron los primero reflejos, aun algo lejos en el horizonte, pero eran reflejos inequívocos de amanecida.

Después nada parecía imposible, después el miedo había pasado a segundo plano y una mezcla de coraje y de rabia fue creciendo, y los trabajadores tuvieron su primero de mayo, y volvieron los abrazos y las sonrisas que antes habían estado ocultas, para eludir a los esbirros del régimen. Así llegamos hasta aquel río de gente que buscando el Obelisco a los Constituyentes escuchó al querido Alberto Candó, confirmando lo que ya veíamos “detrás del negro perfil del monte” ahí nomás estaba el sol que habría de calentar la patria.

Todo había sido resultado de un largo viaje, donde se fue desgarrado el tejido social, muertos, desaparecido, exiliados, presos, eran el denominador común con el que habíamos vivido, así llegamos hasta el día en que los tiranos sintiéndose perdidos buscaron salir de la situación pagando el menor precio posible. El Pacto del Club Naval, que selló el alejamiento de la dictadura cívico militar tiene varias lecturas posibles. No sé si fue el triunfo definitivo de la democracia o sin tan solo fue la aceptación de parir una democracia tutelada. De hecho, aún hoy convivimos con engendros paridos por la dictadura, como la ley de impunidad.

Lo que si es cierto es que fue a partir de allí que empezamos a juntar los pedazos, girone, desgarros, de lo que habíamos sido como país, como sociedad. Recuperar nuestra voz, nuestras canciones. Ir armando con estos restos un nuevo país. Pero nos faltaban muchos trozos, era un rompecabezas al que le habían robado, le habían desaparecido, piezas fundamentales. Usamos mucho tiempo lamiendo nuestras heridas hasta que algunas fueron cicatrizando, pero otras, están ahí aún abiertas, al fin de cuenta solo son 30 años.

Es bueno recordarlo, pero recordarlo así, hace treinta años empezamos a juntar los restos, los girones de vida, recuperar algunos abrazos, que logramos salvar de la barbarie cívico militar, que despedazó nuestra sociedad. No volvimos a la democracia, no, empezamos a buscar el camino hacia una vida democrática, en eso estamos.

LEYENDA – PONER IMÁGENES – Buscar Río de Libertad y Universidad de Oslo

Aquel río de gente en el Obelisco a los Constituyentes escuchó al querido Alberto Candó, confirmando lo que ya veíamos “detrás del negro perfil del monte”, ahí nomás estaba el sol que habría de calentar la patria.

En Noruega la concentración de uruguayos se realizará el 15 de setiembre en el Aula de la Universidad en Oslo.