La reforma constitucional en debate

UN NUEVO PACTO SOCIAL

«En las últimas décadas al orden social se le llama gobernabilidad o seguridad jurídica pero sigue siendo la misma cuestión, es decir la estabilización política del régimen de desigualdad social en el que viven las sociedades modernas.” (1)
El periodista argentino, Edgardo Mocca, aborda un tema de gran actualidad para las sociedades modernas.

David Rabinovich
Columnista

“Esos sistemas estables de partidos políticos que tienden hacia el centro y constituyen una partidocracia estable, indiferente a los giros ocasionales del electorado, concentrada en la conservación de su modo de vida y propensos a la colaboración “transversal” en su interior, sufren una amenaza principal: es la crisis. Es el momento en que una parte considerable del pueblo ha dejado de sentirse incluido y representado por la política de los partidos.
Se los situó fuera de la lógica democrática y se los despojó de títulos habilitantes para participar en la competencia electoral”.

Así vemos como cada vez más, la política se reduce a lo electoral y una actividad cuasi despreciable para demasiada gente. Especialmente jóvenes. Para otros constituye una salida laboral, una forma de vida. (¿Un buen negocio?).

Por otra parte están los que pueden ser pocos, pero importantes en cuanto referentes sociales, veteranos de muchas batallas, que no encuentran lugar en la política cotidiana, porque nunca se sintieron atraídos por disputar los cargos electivos y menos de asignación política directa. Otros se apartan de una competencia que no es ya por ideas, sino crudamente por el poder, eso no es lo suyo. Otros han sido dejados de lado, más allá de sus capacidades e incluso de lealtades a la izquierda sobre las que no puede haber dudas, porque mantienen un criterio independiente en una lógica de gobierno donde la obsecuencia es tenida en cuenta como elemento positivo. Es lamentable, pero es así.

En la sociedad aparece con mucha fuerza el interés puntual, que moviliza por un tiempo, por una causa concreta y a un grupo determinado. Eso no genera la consciencia y la organización necesarias para sostener un proceso de cambios profundo. Una alternativa al fracaso notorio del capitalismo.

Existen las clases sociales, pero en una sociedad infinitamente más compleja, donde es posible -cortando grueso-, distinguir sectores dominantes y sectores subalternos. Pueden ser, parafraseando a George Luckas, ‘clases en sí’, por su lugar en la sociedad, pero si no tienen consciencia, no son clases ‘para sí’. En términos muy esquemáticos las derechas representan la conciencia, la organización y los intereses de las clases dominantes o sectores muy beneficiados en el sistema. Las izquierdas deberían representar conciencia, organización e intereses de las clases y sectores subalternos. Incluso marginados. Pero una cosa es la izquierda en la oposición y otra en el gobierno. La lógica del gobierno tiende a difuminar los conflictos a pretender ‘gobernar para todos y con todos’. Por poner algún ejemplo: El Tisa y la nominación de Hierro López para la embajada en Perú. El decreto de esencialidad en la educación y el tratamiento obsecuente a los inversores.

Escribe Mocca: “El movimiento popular, en el país y en la región, ha aprendido a crecer, a ganar elecciones y ejercer el gobierno sobre la base del reconocimiento de la legalidad constitucional con la consecuente obligación de revalidar sus títulos en las urnas en elecciones limpias. Es un avance extraordinario. El comportamiento de la derecha en estos tiempos está señalando un déficit en su capacidad de vivir el drama democrático sin la llave mágica de la alteración de los tiempos institucionales que, en estos tiempos, ya no se expresa con las formas clásicas del golpismo militar sino bajo el rótulo más flexible y socialmente más presentable de la “ingobernabilidad”.”
Una muy inteligente y oportuna formulación, que apunta a señalar la alianza entre partidos conservadores, cámaras empresariales y grandes medios de comunicación concentrados en pocas manos. Estos actores se mueven en forma concertada y coherente en la región, liderados generalmente por los medios de comunicación que dan la línea y orquestan las campañas. La “gobernabilidad” de las izquierdas está amenazada también por sus contradicciones y pujas internas. Los episodios de corrupción, que los hay, se magnifican y entreveran con prácticas administrativas que pueden ser discutibles y deben ser revisadas (Aunque no seas delito y se toleren, por ejemplo, en gobiernos locales de derecha). Las críticas apuntan a crear ese clima de “ingobernabilidad” que prepare el terreno para las restauraciones conservadoras.
En Uruguay se deteriora, notoriamente, las relaciones del gobierno con sus más firmes bases: las organizaciones sociales y muy en especial los sindicatos. “También tenemos un país muy conservador donde la contradicción principal hoy a 10 años del FA es si el gobierno se sigue desplazando hacia el centro o si la sociedad va hacia la izquierda.

Esa sociedad en la cual existe el pensamiento generado por los grandes medios de que sólo vale lo de uno, sólo lo mío y lo demás no vale. Y los proyectos son a corto plazo e individuales. Están lejos los valores de la solidaridad y la justicia social”. (2)
Entonces cuando hablamos de Reforma Constitucional, abordamos un tema crucial, definitorio.  Cómo sea el proceso de la reforma marcará a fuego su contenido y si la pretensión es que satisfaga a “todos”, seguramente no servirá como base para cambiar nada. Entre un acuerdo político cupular y una amplia participación, por medio de una Asamblea Nacional Constituyente hay mucha diferencia. Y seguro que el resultado será muy diferente. Tan distante, como diferente es la cosmética de la cirugía. Una Reforma (re) fundacional sería conflictiva, otra cosa no será más que otra reforma…

(1) El fraude como argumento, Edgardo Mocca, Página 12 domingo 6 de setiembre 2015.
(2) Jorge ‘Fogata’ Bermúdez, a La República, lunes 7 de setiembre 2015.

LEYENDA – UN LIBRO DE LA CONSTITUCIÓN URUGUAYA

Cuando hablamos de Reforma Constitucional, abordamos un tema crucial, definitorio.