Una fecha que no puede pasar inadvertida

El jueves 10 de setiembre se cumple el Bicentenario del Reglamento de Tierras o el Reglamento Agrario Artiguista, una fecha que no puede pasar inadvertida para nuestra sociedad, por el significado y alcance histórico de esa fecha.
Ahí quedó estampada uno de los conceptos artiguistas más claros y contundentes, cuya vigencia se hace cada vez más fuerte, en este tiempo donde la tierra permanece en pocas manos, cuando los problemas siguen pasando por cómo conciliar el desarrollo con la defensa de los recursos humanos, cuando la extranjerización de ese bien preciado  continúa formando parte de las mayores preocupaciones de nuestra nación.
“Los mas infelices serán los más privilegiados, en consecuencia los negros libres, los zambos de igual clase, los indios y los criollos pobres, todos podrán ser agraciados con suertes de estancias si con su trabajo y hombría de bien, propenden a su felicidad. Serán igualmente agraciadas las viudas pobres con hijos y preferidos los casados a los americanos solteros y estos  a cualquier extranjero”.
Esa cláusula de la Reglamento de Tierras de 1815 resuena más que nunca en la Patria de Artigas, y debería hundirse en los corazones, en la mente y en la acción de quienes tienen la responsabilidad histórica de conducir los destinos de este país.
En cuanto a la tenencia de la tierra, hoy la realidad contradice la lucha y la aspiración del Protector de los Pueblos Libres.
Según el investigador Diego Piñeiro, que participara en el Primer Campamento Artiguista realizado el año pasado en el pueblo Gregorio Aznárez en el contexto actual existe una alta “variabilidad en la tenencia de la tierra entre los pequeños” y “permanencia en la pertenencia de los grandes propietarios”. Entre 1961 y el 2011 solo la mitad de los pequeños propietarios siguen siendo tenedores de este recurso y si se analiza la distribución de la tierra, según el tipo de establecimiento, el 82%  son familiares mientras que el 18% son empresariales, que ocupan en superficie un 24% y un 76%, respectivamente; por tanto “la distribución de la tierra en Uruguay es desigual” concluyó el investigador.
La extranjerización de la tierra también es un factor relevante, en el 2000 el 90% de los propietarios eran uruguayos y en 2011 solo el 54%. Otra realidad preocupante con respecto a la tenencia y uso de la tierra, cuestión que ya en la década del 70 formaba parte de la agenda parlamentaria uruguaya, viendo que nuestro territorio fronterizo pasaba cada vez más a manos de capitales extranjeros, escudados en sociedades anónimas que proliferaron con esos fines. Muy poco se pudo avanzar en la defensa de ese rico patrimonio, a tal punto que, como afirma Piñeiro, poco más del cincuenta por ciento de los propietarios de la tierra son uruguayos.
En setiembre de 1815, hace 200 años, Artigas promulgaba el “Reglamento provisorio de la campaña y seguridad de sus hacendados”, para resolver el problema de la propiedad de la tierra en la Provincia Oriental. Aunque su aplicación no llegó a ser completa, muchos de “los más infelices” pudieron acceder gracias a esta norma a un trozo de tierra para mantener a su familia. Ese es, sin dudas, el gran motivo de reflexión que estamos proponiendo.

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