“Es un error pedirle a los maestros que hagan lo que tiene que hacer la familia, y a los padres lo que tendrían que hacer los maestros”

CON LA PSIQUIATRA INFANTIL Dra. NATALIA TRENCHI

La Dra. Natalia Trenchi estuvo en Trinidad para brindar una conferencia, en el marco de un ciclo de actividades de capacitación organizado por Ana Laura Melo y Andrea Missón, que apuntó al fortalecimiento del vínculo entre padres y docentes. En este caso la destacada profesional abordó el tema “Por una Educación y una Crianza Saludable – Los alumnos se hacen en casa”. Es médica, psiquiatra de niños y adolescentes y psicoterapeuta cognitivo-conductual. Ejerció cargos docentes, de investigación y de asistencia en la Facultad de Medicina, el Ministerio de Salud Pública, la Universidad Católica del Uruguay y la Universidad del Desarrollo de Santiago de Chile.

Además de la tarea académica y clínico – asistencial en hospital y en su consultorio particular se ha dedicado a la promoción de la salud mental infantil en la comunidad.
Es columnista de varios medios de prensa, conferencista en colegios e instituciones, asesora de contenidos de la serie educativa animada “Ana la rana”, autora de materiales de difusión de UNICEF y ha publicado varios libros para padres y educadores. En el 2014 recibió el Premio Sonya Bemporad otorgado en Edimburgo por la WAIMH (Asociación Mundial de Salud Mental de la 1ra. Infancia) por su aporte a la salud mental infantil.

-¿Cómo se analiza el concepto de que la educación de los niños comienza en casa?
-En realidad este encuentro es bárbaro porque va dirigido a los dos protagonistas más importantes del ecosistema en que se crían los niños, que son padres y educadores, familia y escuela. De lo que se trata es de articular los que deberían hacer los padres desde su rol de padres, para lograr que cuando el niño llegue a la escuela lo haga en el mejor estado interior posible para que un docente bien preparado le pueda enseñar.
Lo que sobrevoló todo el tiempo es la importancia que yo le veo a que todos los adultos nos reunamos, cada uno haga su rol, porque creo que es un error pedirle a los maestros que hagan cosas que tiene que hacer la familia, y a los padres cosas que tendrían que hacer los maestros.
El asunto es que cada uno desde su rol haga lo que tiene que hacer y lo haga bien, por el bien de todos los niños en primer lugar, y de toda la sociedad a consecuencia.

-¿Cuál es el rol que deberían asumir los padres en este contexto?
-El órgano con el que aprendemos es el cerebro, entonces lo que los padres tienen que hacer en primer lugar es cuidar el cerebro de sus hijos. ¿Cómo?, por ejemplo permitiendo que los hijos duerman las horas que necesitan en el momento que es importante dormir, que son las noches.
Hay en este momento una corrida muy importante a que los niños se acuesten muy tarde y se levanten temprano; duermen mal, duermen poco, duermen a veces conectados a aparatos. Ese es un problema.
Estamos convencidos que buena parte de las dificultades del aprendizaje es por falta de sueño.

-¿Cuál es la mejor manera de cuidar el cerebro de los niños?
-Con buena alimentación, con buena hidratación y tratando de generar que el cerebro de sus hijos esté en paz; sin estrés, sin corridas y que puedan tener los chiquilines tiempo para estimular todos los circuitos que hay que estimular. A saber, estimulados por el juego libre, sin nadie que los dirija, en contacto con la naturaleza, en contacto con otros de su edad, el contacto con adultos, experiencias artísticas. Es decir, todo lo que tiene que hacer un padre para estimular a su hijo en todas las áreas.
Esto tal vez suena un poco pretencioso y no es más que agarrar unas hojas, una crayolas y ponerse a dibujar con ellos. O salir a correr por un campito.
Otra cosa que tienen que hacer los padres es enseñarle al niño a confiar en el adulto. Los gurises que confían realmente en sus padres les resulta más fácil después confiar en otro adulto, por ejemplo, el educador. Pero además los padres tienen que promover que ellos generen en los niños la confianza hacia el educador.
Hoy hay mucha confrontación entre maestros y padres, y ese es un problema que influye negativamente en los chiquilines.
Los padres tienen que lograr que sus hijos sean autónomos, que sepan hacer las cosas por sí mismos, que sean responsables de lo que hay que hacer. Tienen que lograr una cantidad de cosas; como un software, tienen que cargarle el cerebro para que cuando lleguen a la escuela tengan ya precargados los programas necesarios para incorporar lo académico, que es lo que se va a aprender a la escuela.

-¿En una sociedad como la actual es posible lograr en términos generales esos objetivos?
-Estoy segura de que es posible y por eso lo vivo promoviendo. Entiendo que no sea muchas veces lo que sucede.
A mí lo que me resulta como un mensaje esperanzador es que doy muchas charlas en Montevideo, recorro el Interior y donde voy está lleno. Eso me dice que hay mucha gente interesada en saber cómo hacer las cosas mejor y eso me parece super importante.
Si un niño bien preparado, como decíamos, después llega a una escuela como debería ser –yo le llamo una escuela humanamente fortalecedora- con docentes que respetan a los niños, que saben conectarse con ellos, que saben enseñarles, que saben corregirlos sin humillarlos, sin hacerlos sentir mal por ser imperfectos, entonces ahí es que la torta final va a quedar bien rica.
Pero acá todos tenemos que cumplir nuestro rol y todos tenemos que tratar de hacer las cosas lo mejor posible.

-¿Cuánto juegan en todo eso los programas educativos que hoy están planteando que un niño debe ingresar a un aula a los 3 años?
-A mí me parece bien que los niños a los tres años, ni un día antes, ingresen al sistema escolar. Me parece bien siempre y cuando se les respete la etapa del desarrollo en que están y se respete su curiosidad, su iniciativa y no se les trate de imponer programas.
Me pone muy mal cuando de repente me voy a reunir con un paciente chiquito a un Jardín y hay ocho personas sentadas, y dicen: aquella es la profesora de música, esta es la profesora de inglés, esta otra es la profesora de… No está bien, los niños a esa edad aprenden de otra manera. Lo que tienen que aprender es sobre todo a través de la exploración del mundo. Entonces, me parece bien que ingresen a esa edad.
Me parece bien porque cuando se quedan en su casa no reciben lo que a uno le gustaría que reciban. A veces si se quedan en su casa lo que hacen es estar frente a una pantalla de televisor o de computadora, o de lo que sea.
Prefiero que estén en la escuela antes que educados por las pantallas.

-¿Cuál debe ser el rol del maestro en caso que el niño no llegue a la escuela con el nivel adecuado, del que hablábamos antes?
-El rol del docente es muy valioso. La sociedad en general no lo valora, y no digo solo económicamente, porque se trata de enseñar a niños.
Este año estoy haciendo un trabajo de investigación tratando de aplicar un método que aprendimos el año pasado en Edimburgo, que es un programa de prevención del comportamiento violento a través del fortalecimiento de la empatía. Y lo estamos haciendo en dos escuelas en Montevideo, en una escuela pública y en un colegio privado.
Voy una vez por semana a cada uno de los grupos y puedo asegurar que mi admiración por el trabajo de los maestros se ha incrementado muchísimo. Porque yo trabajo con niños, pero lo hago de a un niño. No tiene comparación con lo que es estar horas y horas con un grupo de niños de hoy.
Me fui de viaje a mitad de años y les traje regalos a las maestras porque la verdad es que no se valora su tarea lo suficiente. A veces las peleo a ellas mismas y les digo que tienen que valorar más lo que hacen, y lograr trasmitir, porque lo importante que las maestras hacen dentro de un aula no se mide por las pruebas PISA, no depende si los chicos saben poner los acentos o multiplicar por dos cifras. Hay cosas mucho más importantes que las maestras hacen en el aula.
Creo que es un trabajo sumamente importante. Es cierto a veces los chiquilines no llegan en ese estado ideal que uno propondría, y las maestras ahí tienen el doble, triple, cuádruple trabajo.
Es muy duro, muy desigual, porque las maestras tampoco tienen las herramientas necesarias para poder lograr lo que no hizo un padre. De eso se trata la vida.

-¿Por eso los maestros buscan este tipo de apoyos?
-Creo que sí, que en buena medida los docentes están ávidos de recibir ayuda y nuevos “piques” para hacer lo mejor.