Carta III del Caminante

“Sol de Alto Perú,
rostro, Bolivia, estaño y soledad,
un verde Brasil,
besa mi Chile, cobre y mineral…”

Por 

Eduardo Curto

Uyuni sigue latiendo cuando sale el ómnibus rumbo a La Paz. Un placentero viaje nocturno, nos deja en la terminal y desde alli al centro histórico son apenas 12 cuadras. A no suponerlo simple, esta ciudad está situado a más de 3.500 metros sobre el nivel del mar, llegando algún barrio a estar por encima de los 4.000m.s.n.m., esto sumado a las pendientes abruptas, típicas del paisaje andino, hacen complicado cualquier trayecto simple en el plano.
Sede del Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial está ciudad de aproximadamente 800.000 paceños y paceñas, tiene un ritmo de vértigo: hombres de negocios, funcionarios públicos, ferias vecinales permanentes, una gran actividad comercial y cultural, todo invita al desafío de conocerla en pocas horas. 3 líneas de teleféricos cruzan la ciudad en todos los sentidos, y cuando la ves desde arriba, ves el crecimiento constante, la dificultad enorme de construir recorriendo las laderas de la cordillera y también resalta el Illimani (6.500 m.s.n.m.) montaña típica del lugar.
Ya, a nivel del piso, el transporte colectivo está compuesto por taxis, taxis colectivos, camionetas y ómnibus. Ellos les dicen movilidad. Paran en cualquier lado, sobre un recorrido pre establecido, generando un caos constante de bocinas y frenadas, pero ningún mal humor. Es así, a casi nadie sorprende, y los conductores y peatones conviven con esa adrenalina. Por la noche, la ciudad se enciende, los espacios públicos se llenan, los vendedores de parabienes y salen a la calle artistas callejeros con propuestas de monólogos, pequeños sketchs, y siempre con actuaciones grotescas de porrazos y golpes garantizando el beneplácito de la tribuna. Por supuesto, son artistas a la gorra y así lo entiende la gente que devuelve con unas monedas, tantas carcajadas generadas.
En la mañana salimos para Copacabana, volvemos al mundo inca, que en las ciudades modernas queda más oculto para el extranjero, pero antes de llegar, la comunidad de San Miguel, en la zona de Laja estaba reclamando por la pavimentación de las rutas en su perímetro. Y bueno, se complicó porque las amables cholas y los adustos campesinos que hablan lento y ofrecen tranquilos sus tejidos y comidas en la ciudad, defendían con barricadas y fuego las mejoras para sus pares. Luego nos enteramos del acuerdo que habían llegado con el municipio que los incluía, y del aporte en mano de obra que iban a comprometer, para que la solución fuese inmediata.
Al llegar al Lago Titicaca, a 3.800 m.s.n.m., las comunidades autóctonas organizan y regulan muchas de las actividades básicas de la ciudad: pesca, turismo, gestión de zonas arqueológicas, transporte y logística, cultivo en terrazas, comercio. El lago es el epicentro de la actividad. Las recreativas por ejemplo, de alquiler de inflables, kayaks, canoas y botes, encuentra a un visitante con bermudas floreadas, remeras flúo y zapatillas, con un locatario de pantalón de hilo, camisa y zapatos de cuero lustrado. Estos encuentros culturales, son tan disfrutables como constantes. Es más, estando allí, las comunidades realizaron el cambio de autoridades, y lo festejaron en las calles de toda la ciudad con cantos, bailes, comida y mucha bebida. Y en esos bailes, siempre se entreveraban algunos gringos, para alegría de todo el mundo. La gastronomía es espectacular y la visita a la isla del Sol (comunidad Yumani) obligatoria y muy en cuenta.
Sin entrar en discusiones anacrónicas, ni infantiles de buenos y malos, es oportuno compartir 4 de las principales leyes morales del período incaico y que las escuché a lo largo de todo este recorrido:
• ama sua (no seas ladrón)
• ama quella (no seas flojo)
• ama llula (no seas mentiroso)
• ama llunk´a (no seas servil)
Dejo a la inteligencia del lector, las reflexiones sobre los horizontes de una comunidad que venga, desde el 1.400 D.C. caminando con estas normas de conducta.
El próximo destino será Cuzco (Cusco, Cosqo…), consciente que vamos a estar en el corazón del mundo inca, preparamos la cámara para que las imágenes puedan dar cuenta, más allá de los paisajes, o las edificaciones, del modo de vivir de estas riquísimas comunidades.
La seguimos.