Niños soldados: Una luz de esperanza…

Lic. Hugo Varela Brown
Redacción

A lo largo de la historia universal, en muchas culturas ha existido la aberrante práctica de la utilización de niños y niñas en las más diversas circunstancias bélicas. En la lejana Europa medieval eran utilizados como escuderos, espías y mensajeros, siendo reclutados masivamente, retirados de sus familias, hecho que se mantuvo latente a lo largo de la historia contemporánea donde los grandes conflictos los tuvieron a la orden del día.
La historia indica que su utilización se realizaba -sufriéndolo aún hoy- en base a diversas e indignantes situaciones: directamente en los campos de batalla, como cargadores de pertrechos de guerra, y en otras modalidades que no corresponde describir, pero de las cuales la infancia universal en una gran cantidad de países ha sido protagonista.
Se calcula que en las últimas dos décadas más de 300.000 menores de edad de ambos sexos han participado y participan en conflictos armados en más de 80 países, estimándose que el 40% son niñas.
Será imposible describir aquí los países protagonistas, siendo la gran mayoría del continente africano, asiáticos y centroamericanos, así como los que aún hoy mantienen conflictos internos e internacionales en las regiones ya conocidas y permanentemente nombradas por los medios de comunicación.
El artículo 38 de la Convención de los Derechos del Niño exhorta a los gobiernos a que tomen medidas posibles a fin de velar para que ningún niño participe en hostilidades beligerantes, siendo ratificado en la Asamblea de las Naciones Unidas años atrás y estableciendo un protocolo facultativo por el cual se deberían regir las naciones a tales efectos.
La proliferación de la violencia urbana y de guerrillas, los conflictos raciales y tribales, las ocupaciones de territorios en forma ilegal y el aumento de fuerzas paramilitares han hecho difícil el control del reclutamiento infantil con fines bélicos, agregándose a esto los grupos que los utilizan en el tráfico de drogas.
Sin embargo en los últimos años, principalmente por intermedio de la UNICEF, ACNUR y de organismos no gubernamentales se ha visto una mayor toma de conciencia en la desmovilización de la infancia y la reincorporación a la vida civil y familiar en varias partes del planeta. La mayor parte de estos proyectos se llevan a cabo en África, Asia y varios países centroamericanos y del Caribe, donde la situación de pobreza contribuye a la violencia y a la utilización de niños con fines bélicos.
En el intento de reintegrarlos a la vida escolar, la idea que predomina es efectuarlo en forma gradual, fortalecidos con la familia -cuando las tienen- ya que muchos son huérfanos. La conciencia de la desmovilización militar y paramilitar de la infancia está concentrada y asumida en varios países. En su inicio, los especialistas deben planificar una profunda estrategia previa a efectos de que puedan recuperarse de todo el horror vivido y sufrido. Comienzan -en algunos países que mayor número de niños utilizan- planificando un plan de introducción a la cultura general y a las primeras nociones escolares, aportándoles también informes básicos de oficios que pueden realizar en un futuro cercano. En algunas regiones -donde cuentan con los recursos humanos básicos o son aportados por organizaciones no gubernamentales- el trabajo de psicólogos y médicos resulta primordial en la primera etapa de la desmovilización.
Pese a las sanciones impuestas, las declaraciones existentes firmadas a nivel internacional, aún hoy los esfuerzos siguen siendo insuficientes, siendo las niñas las más desfavorecidas ante situaciones de planificación social y familiar. Los niños soldados, integran por miles, las largas filas de refugiados actuales, incorporados a otro vergonzoso e indignante suceso que se difunde frívolamente desde los medios de comunicación.
Niños y niñas en actividades militares: “oficiales y clandestinas” cumpliendo las más diversas funciones, arriesgando sus vidas, son acusadores ejemplos del siglo anterior, del actual y de la historia universal… responsable de dejar muy poco documentado estos hechos que han sufrido y continúa sufriendo una infancia silenciosa reclutada en muchos confines del mundo y en países más cercanos de lo que uno se imagina…
La desmovilización y su incorporación a la vida civil, la que llevan otros niños en varias partes del mundo es una obligación moral y de sensibilidad humana. La lucha por el poder y las luchas fratricidas tienden un manto de vergüenza y cobardía al reclutar a la infancia para estos fines.
La luz de la esperanza se ha encendido, por el trabajo de UNICEF y de otras organizaciones que no se ven en la prensa, protagonistas de uno de los hechos más trascendentales de la historia contemporánea: devolverle su infancia a niños que la han perdido…

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