Un restaurador de libros con papel de bolsitas de té

UNA TECNICA DIFERENTE PARA UN OFICIO QUE TIENDE A DESAPARECER

Luis Blanco es restaurador de libros bastante particular ya que utiliza como material para su trabajo el papel de las tradicionales bolsitas de te, lo que le asegura textura, color y resistencia ideal para restaurar libros antiquísimos.
Francisco Connio
Redacción/Montevideo

Hay muchos “oficios” que poco a poco están quedando en desuso, producto de las nuevas tecnologías que han aparecido con el correr de los años. Sin embargo algunos luchan por mantenerse, aunque para ello hayan tenido que renovarse y buscarle la vuelta para no desaparecer. Uno de ellos es el caso de Luis Blanco, que se dedica a la restauración de libros, pero con la particularidad que además de ser en buena medida, artesanal, lo hace con papel de bolsitas de té, un material que comenta a ECOS REGIONALES “es barato, resistente y como tiene tonalidades diferentes, son ideales para su tarea”.

Blanco vive en Montevideo en el tranquilo barrio Colón, pero desde hace ocho años trabaja en la Intendencia de Canelones en encuadernación. Ha incursionado en otros departamentos para trabajar sobre libros ya desvencijados por el uso y el tiempo. Su taller de restauración está en la misma casa donde vive, solo que apartado en un pequeño recinto al que llama la caverna, pues un cartel en la puerta así lo indica. Adentro, lo necesario para trabajar cómodo, después de cumplir con las tareas en la comuna canaria.

Todo allí está al alcance de la mano, armarios con libros, estantes con materiales, libros a medio terminar, otros prontos y otros que esperan para ser restaurados. Una mesa de madera imprescindible para poder trabajar, además de una computadora y un aparato de audio con varios CD para hacer más llevadera las horas que pasa en su bunker. Fuera de contexto, por la tarea a realizar, aparecen en una repisa, varios trofeos y cuadros colgados con fotos de equipos de Baby Fútbol, que él enseguida explica, “son de cuando era técnico del equipo del barrio”.

Cuenta que el oficio llegó a él, casi por necesidad. Dice que era corredor de imprenta pero un día quedó sin trabajo y eso accionó para que se decidiera a cumplir con algo que le interesaba aprender, la encuadernación.
“Me anoté en los cursos de la Escuela de Artes Graficas, donde estuve tres años porque además de encuadernar allí te enseñaban a dorar”, dice explicándonos que se trata del proceso de poner las letras con calor y en dorado en las tapas de libros.

Así comenzó con este oficio que como todo tuvo que comenzar a hacer la clientela. Y mientras desarrollaba su actividad Blanco descubrió, por economía, que las bolsitas de té eran ideales como material para utilizar en la restauración, porque al ser diferentes les puede dar no solo la textura, sino la tonalidad a los textos que debe reacondicionar.
Pero la nota no puede estar completa si no vemos accionar al hombre su técnica. Y para ello nos invita a ver. Saca una Biblia escrita en polaco que necesita arreglos en los vértices inferiores de varias de sus hojas. Despliega una cantidad del papel de bolsitas que antes contenían té pero ya secas, aunque todas distintas tanto en espesor, como color, textura y resistencia.

Y con la precisión de cirujano con una pequeña pinza coloca en un ángulo del libro el papel de una bolsita de té, que corta con un pequeño tijerín y fija con cola de pegar. “Ahora hay que esperar que seque”, dice separando el libro a un costado y toma otro. En ese libro ya no se puede continuar trabajando, “porque debe tener un tiempo de secado imprescindible y obligatorio, o sea que no se puede trabajar en un libro solo, así que mientras estoy en el taller trabajo en cuatro o cinco a la vez. A uno le pego una hoja, en otro de pronto trabajo en el lomo, en otro busco el material adecuado y si no, voy dorando algún encuadernado, o sea siempre estamos haciendo algo”.

Eso explica porqué allí en los estantes hay libros ya restaurados, otros a medio camino y otros sin tocar aún. Y se pueden encontrar libros muy añejos como uno que nos muestra particularmente. Es un libro “Tabaré” que data de 1888, con sus hojas bastante amarillentas que denuncian el paso del tiempo, quizás de años en bibliotecas sin ser tocados, e incluso difícil de conseguir, aunque confiesa que muchos de estos viejos libros los consigue en ferias, “y como están muy deteriorados se consiguen a buen precio”, añade.

Blanco además de trabajar en su casa, cumple funciones en la Intendencia de Canelones donde encuaderna libros del Registro Civil. Además como todas las resoluciones finales del Intendente, deben quedar en un soporte papel, “me las envían mensualmente y se arma en un libro”, aclara, y muestra uno de los ejemplares que ya está pronto.

Luis Blanco además es investigador y siempre está siguiendo temas diferentes, que vinculan a personalidades, por lo cual es invitado en ocasiones a presentar muestras de sus trabajos de investigación.
Para este mayo, en el mes de festejos de la Batalla de Las Piedras, lo invitaron a una muestra sobre investigación pero que tenga referencia al libro, ya que se conmemoran 200 años de la Biblioteca Nacional. Y él aprovechará la ocasión para exponer además, los textos restaurados con esta técnica única y diferente con papel de bolsitas de té.