Solidaridad y coordinación

Estos tiempos de emergencias climáticas –como las que hoy soporta el país- dejan enseñanzas importantes, más allá del dolor que padecen muchas familias directamente afectadas por esos eventos.

Esta vez la localidad de Dolores fue prácticamente destruida por el tornado que la tecnología permitió ver casi en vivo, pero también otras ciudades del país están viéndose sacudidas por las inundaciones, en especial Durazno, cuyo Río Yí, tan amigo de la gente en tiempos de normalidad climática, se vuelve enemigo feroz cada vez que las lluvias son abundantes, dejando sin vivienda a muchos cientos de familias.
Es en estas circunstancias cuando más que nunca es necesario el esfuerzo de todos, para tratar de aliviar las miserias que dejan a su paso esos fenómenos. Ya destacamos en sucesivas ediciones los enormes gestos de solidaridad manifestados por nuestra sociedad para con los damnificados, no solo con los que debieron ser evacuados en nuestra ciudad, sino con quienes se quedaron sin nada en esos departamentos donde se sufrió mucho más las inclemencias del tiempo.
De la misma manera que es importante la colaboración de la gente, expresada en las múltiples campañas de solidaridad que se llevaron a cabo bajo la organización de instituciones de servicio, grupos de estudiantes y vecinos, es trascendente también la forma en que las mismas se desarrollan.
Nos referimos al valor trascendente que tiene la coordinación de ese trabajo de todas estas entidades, que den razón a la existencia del CECOED, institución creada justamente para hilvanar de la mejor manera todos los esfuerzos a partir de un tronco común, que es el que sostiene el manojo de voluntades.
En este tema hay mucho camino por recorrer todavía, según surge del análisis que realiza en esta edición la Directora Territorial del MIDES, apelando a la experiencia que este Ministerio tiene en todos los niveles de la actividad que desarrolla, en programas que tienen como protagonistas a jóvenes, adultos y adultos mayores.
En estos casos, y en todos, creemos que es sustancial la autocrítica que podemos hacer de nosotros mismos, en la medida en que el objetivo es mejorar las acciones en favor de quienes realmente lo necesitan.
Eso no significa echar por tierra lo realizado, de ninguna manera. Se trata de, entre todos los actores, ir tomando las experiencias positivas y negativas para poder mejorar esa coordinación interinstitucional.
Es indudablemente lógico que no estemos preparados un cien por ciento para coordinar el trabajo de mucha gente, y que eso se manifieste en estas ocasiones cuando la solidaridad es tan grande como la propia obra social a llevar a cabo.
Si bien esos eventos climáticos se han dado con más frecuencia en las últimas décadas (en Flores el último fenómeno climático adverso fue en agosto de 2013 con la recordada granizada, cuyas secuelas se proyectaron en el tiempo), es necesario seguir sumando instancias de capacitación para afrontar con éxito situaciones de riesgo. Decimos “sumando” porque ya se han organizado en Trinidad y en otros departamentos de la región seminarios de capacitación destinados a ese fin, con la presencia de autoridades y técnicos de Flores. Pero como nunca serán suficientes los conocimientos, es imprescindible no quedarse con lo aprendido, porque también es vital que la sociedad comprenda qué es lo que se pretende cuando actores institucionales se juntan para organizar una campaña de ayuda a los más desvalidos por cualquier circunstancia.
Por eso es saludable reconocer que por encima de esa solidaridad enorme expresada por la comunidad de Flores, es necesario seguir ajustando la coordinación de las acciones.