Un golpe duro no solo para Brasil

Lo sucedido en Brasil esta semana, con la destitución de la Presidenta Dilma Rousseff, es un golpe muy duro no solamente para la nación norteña, sino para toda Latinoamérica, para la región y en particular para el Uruguay.

Esa destitución está amparada en la Constitución de aquel país, según sostienen algunos actores –también de Uruguay- afines a la decisión adoptada por el Senado en última instancia, pero es innegable que esa remoción mucho se asemeja a un golpe de Estado.
Eso es muy triste, pero lo cierto es que, acusada de maquillar las cuentas fiscales, delito que no fue probado, Rouseff fue igualmente hallada culpable y se convirtió en la primera Presidenta de ese país en ser destituida.
No obstante, la ex Presidenta se salvó de una inhabilitación de ocho años, que ella misma había decretado como «una pena de muerte política». Después de un aplastante marcador de 61 a 20 para destituirla, el Senado no consiguió los votos para quitarle el derecho de ejercer cargos públicos. De esta forma, Rousseff puede ejercer y presentarse incluso a cargos de elección popular, aunque no puede presentarse en las elecciones presidenciales de 2018, ya que fue elegida en los últimos comicios en dos veces consecutivas.
Las batallas difíciles no le son ajenas a Rousseff, pues aún cuando fue educada en una escuela católica, cambió el vestido por el uniforme y se transformó en guerrillera durante la dictadura militar que permaneció más de 20 años en aquel país. Tras vivir años en la clandestinidad, en 1970 fue capturada por la policía política y sometida a torturas y vejaciones. «Nadie sale de esto sin huellas», reflexionó una vez y reveló que su paso por la cárcel duró tres años.
Ahora, luego de conocer la decisión del Senado Dilma Rousseff, demostrando su entereza, sentenció: «Ellos piensan que nos vencieron, pero están engañados. Sé que todos vamos a luchar, tendremos contra ellos la más firme, incansable y enérgica oposición que un gobierno golpista puede sufrir».
Más allá de esas consideraciones, es indudable que esta destitución es un hecho negativo para nuestro país, porque Brasil es uno de los canales comerciales más importantes que tiene la producción uruguaya, y lo encuentra hoy en plena recesión y todavía con esa compleja situación política, que seguramente agregará más consecuencias desfavorables.
Ciertamente que ese panorama negativo impactará en el Uruguay, aunque habrá que ver de qué manera. Pero sabido es que el área de alimentos es lo que más demanda el país norteño de nuestra producción, y eso nos debe preocupar a todos los uruguayos por igual.
Sumado a eso, que no es poca cosa, está la situación desfavorable en que se encuentra el Mercosur, cuyo protagonismo depende muchísimo de Brasil. Ya deprimida de antes la acción de este Mercado Común del Sur, recibe ahora este “golpe de gracia”, que se convierte en peligroso terreno con arenas movedizas para todo el bloque.
Así las cosas, no vemos ningún aspecto positivo a lo sucedido el miércoles en Brasil, aunque algunos políticamente lo celebren…

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