Canessa, una vida con el accidente de los Andes a flor de piel

Entrevista

EL Dr. ROBERTO CANESSA PRESENTARÁ SU LIBRO EL VIERNES 14 DE OCTUBRE EN TRINIDAD

‘TENÍA QUE SOBREVIVIR’ ES EL MATERIAL EDITORIAL QUE CANESSA REALIZÓ JUNTO AL ESCRITOR PABLO VIERCI

El próximo viernes 14 de octubre, a partir de las 19:30 horas, en el Teatro ‘Artigas’ de Trinidad, se estará presentando el libro ‘Tenía que sobrevivir’, cómo el accidente de los Andes inspiró mi vocación para salvar vidas, del Dr. Roberto Canessa y el escritor Pablo Vierci. La presentación del libro contará además con una charla a cargo del Dr. Canessa.
La iniciativa es organizada por los Liceos Habilitados ‘San José’ y ‘American School’, beneficiándose con la misma las Escuelas Rurales Nro. 20 (zona de Chamangá) y Nro. 38 ‘Arenal Grande’.
Previo a su llegada a Trinidad, ECOS REGIONALES dialogó con Roberto Canessa, quien hoy es Médico Cardiólogo Pediatra, sobre el libro y esta historia que vivió con 19 años.

Horacio Oyhenard
Redacción

Poco después de almorzar en el restaurante de ‘El Portal’ junto a su señora, Laura Surraco y el empresario local Horacio Martínez Arregui (promotor de su llegada a nuestra ciudad), Roberto Canessa se tomó unos minutos para charlar -una vez más-, sobre el accidente de los Andes del que formó parte el 13 de octubre de 1972.
Con amabilidad y sin rodeos el sobreviviente de los Andes enfatizó en que el evento del próximo viernes 14 será propicio para encontrarse con amigos de Trinidad y la zona.

-¿Qué lugar siente que tiene la historia del accidente de los Andes en nuestra sociedad?
-Es una historia muy uruguaya, de las familias de nuestro país. Los abuelos se deben de acordar perfectamente dónde estaban cuando escucharon que los muchachos había sobrevivido.
Es una historia nuestra que tenemos que llevar adelante y dejar el legado de que tenemos que querernos un poquito más.

-¿Son conscientes de que la historia es una especie de patrimonio nacional?
-Es una historia de impacto nacional, una historia que todo el mundo quiere.
Pero no sólo acá, porque hace unos días estábamos en Estados Unidos y la gente nos decía, ‘cómo me vas a decir a mí de ese accidente, si yo me acuerdo que estaba en mi casa estudiando’ o haciendo tal o cual cosa.
Es una historia que está en el corazón de la gente, y ahí es que queremos volver, porque es del corazón de donde salen las grandes cosas de la vida.

-En torno al accidente de los Andes se han generado diferentes materiales editoriales y audiovisuales, ¿se está respetando la historia a lo largo del tiempo?, ¿ustedes se encargan de mantener su legado?
-Esta historia es como la del Titanic, donde siempre hay documentales o libros. Éste libro que estamos presentando ahora surge luego de un trabajo de diez años realizado junto a Pablo Vierci, en el cual empecé a conocerme –increíblemente- a mí mismo.
Pablo me dice, ‘Roberto, vos sos el arriero. Esos niños que salvaste con problemas cardíacos es tu compromiso con la vida, es eso que decís de que cuando estabas en los Andes querías que los padres de los que no volvieron pudieran decir Roberto es una buena persona’.
En parte es ese compromiso el que llevamos adelante, compromiso que queremos contagiar, como decimos con Pablo, ‘queremos mover un poquito la aguja’, querernos un poco más, tratarnos un poco mejor en este país que tiene un potencial enorme.

-¿Mover la aguja?
-Mover la aguja de los sentimientos, una aguja que en este momento está en neutro.
Ni nos odiamos mucho, ni nos queremos mucho. Por lo que creo que tiene que haber mayor solidaridad, darnos cuenta cuáles son los problemas realmente graves.
Ver lo que está pasando en el mundo, a Siria la están bombardeando, matan niños, y así en otros lugares.
Acá los problemas que tenemos es que se nos están muriendo niños de cardiopatías congénitas, y es por eso que la Fundación ‘Corazoncitos’ que está trabajando mucho en eso es beneficiada con la venta del libro.
Pero así también con otros grandes problemas, porque la gente dice ‘ay, los problemas que tengo’. La verdad es que tienen obstáculos, tienen dificultades.
Tener problema es que te diagnostiquen un cáncer, perder un hijo, la vida. Lo demás son dificultades.
¿Qué te falta, la pasta de dientes, el antisudoral? Vivimos peleando todo el día por esos temas, y la verdad es que tenemos que tratar de humanizarnos un poco.
Darnos cuenta que esa tía vieja, esa abuela que nos mimó durante tanto tiempo, se va a morir y un día no va a estar más.
Por eso es que tendríamos que ir a darle un beso, a escucharla un poco y darle así una alegría.
Tenemos que volver a los valores, porque estamos muy llenos de cosas. Estamos recibiendo mucho más de lo que necesitamos y hacemos mucho menos de lo que podemos.
Y ojo, eso el primero que se lo dice a mí, soy yo mismo.

-Cuando pasa raya y analiza en el tiempo esa frase que dijo en los Andes de tener que ser alguien, ¿siente que lo ha logrado?
-Con la ayuda de Dios lo he ido logrando. Y no con los premios en medicina y todas esas cosas.
Siento que lo logro cuando sobrevive un paciente, pero también siento que lo pierdo cuando se me muere.
Ahora estoy con tres pacientes en el útero de la madre, y es algo que me tiene desbastado.
Por eso cuando me dicen ‘no te ponés vanidoso en tantos eventos y teatros’, qué me voy a poner vanidoso, si la vez pasada no vi una coartación de aorta y el niño casi se muere.
Constantemente estamos enfrentados a la limitación humana, pero lo importante es el espíritu.
Eso es lo que quiero rescatar, el espíritu de la gente y el reflotar toda esa humanidad.
Y es ahora como veterano que la tengo que salir a proclamar, porque miro para arriba y no me queda nadie más en los casamientos, somos los viejos.

-¿La historia de los Andes ha sido fundamental para su actividad como Doctor?
-No sé. No sé cómo hubiera sido mi vida sin los Andes.
Sí sé que me ha servido mucho, porque yo iba a los hospitales en los Estados Unidos y llevaba el libro de los Andes y me daban los libros de cardiología.
Yo le agradecía por esos libros y ellos me agradecían a mí. Me decían ‘todo esto de medicina está en internet, pero lo que vos nos contás no aparece en internet’, algo que vivía con orgullo.

-’Tenía que sobrevivir’ es un material realizado en conjunto con Pablo Vierci, ¿un conocedor del tema?
-A Pablo lo conozco desde que tenía siete años. Él estaba en la clase de ‘Nando’ Parrado.
Él fue quien escribió La sociedad de la nieve, un libro reconocido en el mundo.
En esta historia en particular está la parte narrativa que es impresionante, pero también está el trasfondo psicológico de cómo eran esas personas que sobrevivieron.
Personas que aprendimos que para sobrevivir lo más importante no era ser el más fuerte, sino el que tiene más alegría de vivir.
Yo veía a Javier Metol -que es tuerto y perdió a la mujer en la montaña-, despertarse todos los días con una sonrisa.
Esa sonrisa era para regalármela a mí, era porque tenía que acompañarnos.
Nosotros le tomábamos el pelo, le decíamos ‘viejo’, y él se hacía el payaso cayéndose por gusto o generando situaciones así. Era una entrega que hacía para los demás.
La alegría es una obligación de la gente con quienes están a su alrededor.
Uno no puede hacer un ambiente tóxico a su alrededor. Uno tiene la obligación de contagiar y ser agradecido.

-¿Alguna vez se planteó el ‘por qué a mí’?
-Y fue porque no me entrego nunca y hasta el último momento voy a seguir empujando, arrastrándome y yendo hasta afuera.
Yo me digo, ‘por qué no yo’. ¿Por qué no me tiene que tocar a mí? Yo quiero esto, yo lo voy a ir a buscar y voy a luchar con esto.
Por qué no yo también. Esa es la actitud.

-Actitud que se transmite al título del libro, ‘Tenía que sobrevivir’.
-Tenía que sobrevivir es lo que me decía a mí mismo cuando mi madre me dijo, ‘si a mí se me muere un hijo me muero de la tristeza’.
Yo tenía que sobrevivir para decirle a mi mamá que no llorara más.
Yo tenía que volver, yo le decía por telepatía a mamá ‘por favor buscáme’.
Cuando iban sus amigas a saludarla y decirle ‘ay Roberto pobre’, ella les decía ‘¿cómo que falleció?, él está vivo, lo siento vivo y sé que va a volver’.
Yo no le podía fallar a mi vieja. Todas las oportunidades que tuviera las iba a utilizar.
Si podía caminaba, sino me arrastraba o gateaba.
Eso es lo lindo de la vida, el sentir que lo das todo. Es la buena actitud en la vida.
El fracaso si te toca, te toca como compromiso para una nueva oportunidad.

-¿Qué momento de lo vivido es el que más recuerda?
-Del libro de lo que más me acuerdo es de María José (Jojó) Buere, que ahora es Enfermera en Paysandú –a quien voy a ver después de esta charla (iba en viaje a ese encuentro)-, a quien una noche el Profesor Roger Mi -a quien trajimos desde Estados Unidos-, le realizó una operación que sólo podía hacer él.
Roger en esa oportunidad cuando salió de la operación me dijo ‘Roberto, discúlpame pero no pude hacer la operación completa, pero le hice algo que le va a servir para vivir hasta los quince años’.
María José Buere hoy tiene veinticuatro años, es Enfermera y le está devolviendo hoy en día a los niños lo que recibió ella.
De lo que más me acuerdo es de todos esos niños que sobrevivieron.
Niños como María del Rosario que me dice ‘me encantan tus libros’, y cuando le pregunto ¿por qué?, ya que es muy chica, me responde ‘porque te enseñan a ser valiente’.
Que te lo diga ella que tiene seis operaciones en Estados Unidos -desahuciada-, es fabuloso. ¿El libro le enseña a ser valiente?
Tenemos un tesoro con esa historia de los Andes, con la vida que hemos tenido después, y nos lo estamos perdiendo.
Por eso es que quiero proclamar esta historia, vivirla y charlarla con los uruguayos. No puede ser que lo esté compartiendo para otras partes del mundo y no acá.
El otro día hicimos un reportaje para la televisión China, y es algo bueno. Este es un mensaje del que soy portador.
Yo no soy el mensaje, no es el yo. Es lo que compartimos entre todos.
Quiero que la señora venga y me diga ‘Roberto, yo me acuerdo de ustedes por tal o cual cosa’.
Ese mensaje lleno de amor es el que quiero que se expanda como una mancha de aceite.

-Como Doctor combate contra el momento en el que llega la muerte, pero no puede hacerlo contra la muerte porque es algo que nos llega a todos.
-El momento es la vida, cuando se acabó la vida se acabó el momento, llegás hasta ahí.
Suena el pitazo final y se terminó el partido, ganaste o perdiste, el partido está terminado.

-¿Cómo se lleva con ese momento en el que llega la muerte? ¿Cuánto influye en eso su personalidad?
-Es increíble, pero cuando un niño fallece, siento una gran paz.
La siento porque no va a sufrir más, entre otras cosas. Porque sé que dio todo y que hay cosas que no podemos cambiar.
Es una lógica de Dios que no podemos entender, y creo que conocer la muerte es ser realista.
Es algo que siempre te deja una enseñanza.

-¿Tiene la incertidumbre de saber qué pasará con esta historia una vez le llegue la muerte?
-Ahora me canso un poco más que antes. Soy como esas computadoras viejas a las que no les anda bien las baterías.
La gente de alrededor me dice que afloje un poco, que descanse, pero a mí me gusta vivir así.
Me gusta vivir dando todo. Claro está hay veces que me acuesto a dormir y duermo todo un día seguido, porque también tengo esa faceta.
Eso es algo que aprendí en los Andes. Cuando hay que dormir, hay que dormir.
‘Nando’ algunas veces saltaba y se quejaba por lo del alud y cosas así, y le decíamos ‘no jodas más, andá a dormir afuera’. Uno tiene que saber cortar y compartimentar la vida.
Hay que saber hacer en cada momento cada cosa. Ocho horas de trabajo, ocho horas de sueño y ocho horas de crecimiento personal. Son ocho horas que no van a volver.
Hay que tomarse el tiempo de compartir con los hijos, con los nietos. Son momentos que tenemos que aprovechar.

-En la presentación del libro se busca involucrar a los niños a través de las instituciones educativas. ¿Qué ha generado este público?
-Es el público más difícil.
En la presentación realizada en Colonia teníamos cuatro niños de diez a doce años, por lo que me dije, ‘los voy a subir a los cuatro para ver si logro que uno hable’.
Cuando les pregunté qué hacían en la sala uno de ellos me dijo, ‘vinimos a verte a vos, porque te caíste de un avión y caminaste por los Andes’.
Es a ese público al que tenemos que apuntarle, porque son quienes aceptan las cosas como son.
Me pasó oír a un niño explicarle al otro detalles de la historia, ‘no entendés’ le decía, ‘los músculos de ellos se estaban debilitando porque no tenían para comer, y los músculos de los muertos que estaban ahí no los usaban más, por eso se comieron sus músculos, para que le crecieran los de ellos’.
Ahí me doy cuenta que sigo aprendiendo.

-¿Cuánto más tiene para dar esta historia de vida?
-¡¡¡Ufff!!! Todavía estamos vivos y ha generado mucho. Calculá lo que le queda después de que no estemos más.
Mientras la gente pregunte, como pasa en las tribus donde uno se va para donde supuestamente está la muerte y después vuelve, y ahí se reúnen todos alrededor del fuego para escuchar su historia.
Bueno, eso va a pasar siempre con esta historia. Los que no pasaron esas cosas van a querer saber cómo son, cómo es morirse por ejemplo…

-¿Y cómo es morirse?
-Es un sentimiento de mucha paz.
Cuando sentí que el alud me tapaba me dije, ‘ya está, hasta acá llegaste’.
Fue una sensación divina, tenía calorcito en las piernas, porque me estaba haciendo pichí.
Ahí fue que me destapó Roy (Harley), y es por eso que estoy acá.

-¿Cuál es el momento del accidente o sus días posteriores que más recuerda?
-Cuando decíamos ‘¿vos cambiarías esto por cadena perpetua?’. Y sí, preso tenés comida, agua y donde dormir.
Nosotros estábamos en el peor lugar del mundo, y cuando pesábamos que estábamos en el pero lugar, nos cayó un alud.
Sólo estás pero que eso cuando te morís, mientras tanto siempre podés estar un poquito mejor.

-¿En qué lugar está ahora?
-Estoy acá en El Portal rodeado de amigos y de gente que me da la oportunidad de brindarle un poco de cariño a esa gente que nos rezó tanto, diciéndoles muchas gracias, acá estoy para darle un beso personalmente y decirle que la quiero mucho.

-¿Esa es la gente que tiene que estar en el Teatro ‘Artigas’ el viernes 14?
-No, también tiene que ir los que dicen que seguimos currando con el accidente de los Andes.

-¿Cómo caen esos comentarios de que siguen currando con la historia?
-Me encanta que haya de esa gente, porque se ve que es gente que quiere ayudar.
Vengan a laburar conmigo, vengan a apoyarnos con la campaña que estamos realizando con la Fundación ‘Corazoncitos’.
A vos que sos ‘dador’ de consejos te necesito…
Pero no viene ninguno, no sé qué pasa. Gritan desde la tribuna, parado en el borde del estadio.
Me encanta que ocurra porque también tengo esa parte confrontativa. Me encanta escucharlos porque seguramente ellos también deben de tener su cordillera.

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