Los hechos nos llevan a justificar la “ley de cuotas”

Todo hace pensar que la Cámara de Diputados aprobará en esta jornada –para dejar permanente en el ordenamiento legislativo uruguayo- la denominada “ley de cuotas” que obliga a votar a personas de diferentes sexos cada tres representantes.
Si se aprueba entonces, la medida no tendrá plazo de vencimiento, pues la primera ley de cuotas vencía en las elecciones pasadas. El proyecto fue aprobado por el Senado en marzo de este año y tratado en Diputado por la Comisión de Constitución y Código, y el plenario resolverá hoy.
Otra de las iniciativas que se aprobaría para facilitar la participación de las mujeres en el Parlamento, es que el voto a varones valdrá un 30% menos, por lo que las listas encabezadas por hombres recibirán menos dinero por cada voto.
La permanencia de la “ley de cuotas” ha sido una preocupación de las mujeres que integran hoy el legislativo nacional, y en caso de aprobarse estarán haciendo realidad una aspiración muy cara, que constituye un avance sustancial de su participación en la política partidaria.
En ediciones pasadas hablábamos de leyes que no deberían de existir si las actitudes de los actores políticos estuvieran ceñidas al sentido común y a la ética. Y hoy que tanto se habla de la transparencia del sistema político sosteníamos que la iniciativa del Presidente de la República Dr. Tabaré Vázquez -de promover una ley para que los funcionarios del Poder Ejecutivo realicen rendiciones de cuentas cuando reciben viáticos por viajes al exterior- no debería haberse planteado si no hubiese ejemplos reñidos con la ética.
Es claro que hay malos ejemplos que contar, y no solo de funcionarios públicos de un solo poder del Estado, sino de otros, como el legislativo nacional y los departamentales, que es donde esa situación -de no devolución de viáticos no utilizados- se da con más frecuencia, o al menos es más factible de comprobar.
Es entonces por eso, por no actuar de acuerdo a la ética, que comienzan a promoverse leyes “obligadas por las circunstancias”.
La “ley de cuotas” tiene su semejanza, es decir, en este caso las mujeres legisladoras tuvieron que “empujar” una iniciativa para que aquella primera normativa que fijaba plazos –en una actitud que nunca entendimos-, ahora formara parte del conjunto de leyes que rigen en nuestro país. Y eso se da porque los hombres de todos los partidos no han tenido una actitud abierta; y sencillamente no han tenido en cuenta a las mujeres para ocupar cargos de mayor relevancia en las hojas de votación.
Es ahí donde se produce la discriminación que trata de solucionarse con la “ley de cuotas”, porque hay sobrados ejemplos de mujeres que han ganado sus espacios no solo con su militancia en los partidos, organizando actos electorales o repartiendo listas, sino con sus aportes en ideas, en proyectos, en inquietudes a favor del interés general.
En Flores hay muchos ejemplos de mujeres que ocupan, o han ocupado, cargos de relevancia como Intendentes, Ediles Presidentas de la Junta Departamental, Alcaldesa de Ismael Cortinas y otros cargos ejecutivos.
Esa es una señal de reconocimiento que no siempre sucede, por eso se justifica la “ley de cuotas”.

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