Por ser pocos…

Por ser pocos, los niños y adolescentes uruguayos infectados por VIH -se estima que son unos 100 menores de 14 años-, no constituyen un mercado atractivo para los Laboratorios que comercializan los medicamentos que necesitan para su tratamiento.
Esta información apareció en el diario “El País” y tuvo repercusión en la Junta Departamental de Flores, donde el edil Hugo Dayuto expresó su desazón por lo que estaba ocurriendo, preocupación que también hacemos nuestra.
Felizmente la jueza de Familia Liliana Brusales dio lugar a un recurso de amparo presentado por la Asociación de Ayuda al Sero Positivo con el patrocinio de la Clínica de Litigio Estratégico de la Facultad de Derecho. Brusales resolvió condenar al MSP y al Fondo Nacional de Recursos a “garantizar el acceso inmediato a los medicamentos zidovudina y efavirenz en comprimidos de presentación pediátrica” en un plazo máximo de 15 días.
Más allá del dictamen de la Justicia, totalmente razonable para quienes defendemos a ultranzas el derecho a la vida y a la dignidad humana, cabe una reflexión sobre el motivo que lleva a los Laboratorios a no comercializar medicamentos para determinados tratamientos.
Es totalmente condenable que por ser pocos los niños y adolescentes que padecen VIH en el país, no tengan derecho a acceder a esas drogas indispensables para mejorar su calidad de vida.
Pero lo más triste es que esta razón que se expone para este caso, se ha dado en otras situaciones; por ejemplo, los más de mil habitantes de Ismael Cortinas no poseían servicio de ambulancia justamente por ser pocos, según lo ampliamente difundido.
Nadie puede negar los avances que se han producido en cuanto a la accesibilidad de los servicios de salud, a través del Sistema Nacional Integrado, pero quedan estos problemas para resolver, que están a nuestro juicio por encima de la intención de racionalizar recursos. Es muy entendible que el Estado ajuste el tema de la optimización de los recursos que son de todos, pero hay que tener cuidado cuando se decide suprimir servicios porque son pocas las personas que conforman una comunidad.
Es evidente que las pequeñas y grandes comunidades tienen el derecho a reclamar una misma atención del Estado.
Así fue el destino que tuvieron en la década del 80 muchas escuelas rurales del departamento de Flores –y del país entero- que fueron cerradas por el escaso número de alumnos. Por ser pocos los niños que concurrían a determinadas escuelas, las mismas cerraban sus puertas, sin tomar en cuenta los perjuicios que esa decisión ocasionaba a esos chicos y a sus familias que viven en el campo.
Hoy esa situación se ha corregido, según lo han señalado las propias autoridades de la enseñanza, y está bien que así sea. Aún considerando el gran éxodo que se ha producido de familias del medio rural a la ciudad, todavía quedan niños en la campaña en edad escolar que, por pocos que sean, el Estado tiene la obligación de atenderlos y formarlos. Eso contribuye, además, a arraigarlos al lugar donde nacieron y crecieron con la expectativa de permanecer en su medio.
Es un gran tema que debería analizarse desde el sentido común…

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