Pueblos chicos, sus demandas y el rol de los gobiernos

La población de nuestro departamento ha tenido la oportunidad de participar en eventos de significación, que se realizan fuera de la capital y que han puesto a Flores en la agenda más importante del país. Pero hay otros acontecimientos que, si bien no tienen resonancia nacional, cuentan con una trascendencia muy especial para los lugares, para quienes residen en territorios alejados de la más inmediata información, que se da generalmente en las capitales departamentales.

Este pasado fin de semana se cumplió la Expo Juan José Castro, un centro poblado cercano a Trinidad, pero uno de los que más sufrió “la piqueta fatal del progreso”. Hace muchas décadas ya el pasaje del tren por esa “estación” y las fuentes de trabajo generadas por el campo fueron la razón de ser de ese poblado. Más tarde ese entrañable pueblo chico se fue quedando sin gente; el tren no unió más a nuestra ciudad con Durazno y el nuevo trazado de la Ruta 14 aceleró el ostracismo de “Castro”.
Los años fueron transcurriendo y cuando muchos pensaron en su desaparición definitiva, hubo visión, voluntad política y esfuerzo comunitario para poder sacar del pozo, poco a poco, al emblemático pueblito que es orgullo del departamento de Flores.
Ya no pasa más el tren, la Ruta 14 quedó a tres quilómetros pero, como forma de resistencia a esa cruel realidad, apareció el primer programa de MEVIR, la mejora de servicios públicos y otras alternativas, que dieron fuerza para levantar la mirada y con ello avizorar un futuro con más esperanzas.
Hoy, coincidentemente con la Expo Castro se inauguraron obras de bituminización de las calles del centro poblado y de los tres quilómetros que separa al lugar de la ruta, lo que constituye un motivo de complacencia para los lugareños que encuentran finalmente respuestas de los gobernantes, satisfaciendo demandas largamente esperadas.
Un ejemplo, parecía inconcebible que en este siglo no se pudiera solucionar el ingreso al centro poblado de la empresa interdepartamental que une Trinidad con Durazno por el mal estado del camino, situación que ahora felizmente se revierte.
Esas son las cosas importantes, más allá de a quien correspondió realizar la obra, si tal o cual puso más recursos para que ello se concretara. Esos detalles quedan para ser debatidos en otros ámbitos, porque están lejos de discutirse en una comunidad que continúa teniendo demandas.
Celebremos, en todo caso, que las obras reclamadas se hayan cumplido coordinadamente por el gobierno nacional y departamental. Ese es el más trascendente detalle, en la medida en que es una lección más en cuanto a que, mientras haya articulación de esfuerzos de los gobiernos la comunidad tendrá más esperanzas y posibilidades de encontrar respuestas a sus necesidades. De otro modo será muy difícil hacer realidad la aspiración de lograr mejores condiciones de vida para los habitantes de los pueblos chicos.
Esperemos que este accionar conjunto se extienda a otros centros poblados del interior del departamento, porque es una manera de lograr metas superiores, entre ellos, que la comunidad rural pueda seguir encontrando motivos para quedarse a vivir en el campo.

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