Las obras no tienen dueño, son del pueblo

Más allá de las diferencias ideológicas, filosóficas y de cualquier otro tipo, las comunidades se fortalecen en la medida en que sus gobernantes lleguen a entenderse a la hora de promover proyectos de desarrollo y de bienestar general.
Es muy difícil que una sociedad pueda aspirar un mejor futuro si sus gobernantes no hacen el esfuerzo por salvar sus diferencias con respeto y ponderación, pensando en el interés común por encima de cualquier otro interés.
Si así se actuara, posiblemente las obras públicas que se llevan a cabo no tendrían sello propio, y en cambio formarían parte del patrimonio de la comunidad que se ve beneficiada con las mismas.
Esto es lo que impone el sentido común, en el entendido que los gobernantes son electos por la ciudadanía para conquistar, a través de ellos, aspiraciones que apuntan a una mejor condición de vida.
Vienen al caso estas expresiones, a la luz de los hechos de pública notoriedad –que han tenido como protagonistas al Diputado del Frente Amplio y al Intendente- reflejado en los medios de comunicación, que han desviado la atención de la sociedad, trasladándola hacia un terreno que no es el más adecuado a los intereses generales.
Pueden comprenderse y hasta calificarse como lógicas las “disputas” cuando manifestaciones públicas de uno rozan valores esenciales del otro, pero también debe apelarse a la tolerancia y al punto final, para poder recomponer un escenario desquebrajado por un altercado político.
No hay motivos para pensar lo contrario, que la tolerancia ocupará su lugar lo antes posible, por lo que cabe esperar que esas diferencias en lugar de ensanchar la brecha, la contraigan al punto de posibilitar un entendimiento que conduzca a lo que todos esperamos, que es la mancomunión de esfuerzos de los gobernantes para que la población se vea favorecida con una acción alejada de los intereses personales.
Insistimos en algo, respetando los espacios políticos partidarios legítimos de los actores, pero consideramos que es la sociedad en su conjunto quien pasa a ser dueña de cada obra que se concreta, más allá de las placas que se coloquen con nombres de personas o de gobiernos que las gestionaron y cristalizaron en determinados períodos.
Debería ser lo más importante para un gobernante saber recibir o captar las aspiraciones de los vecinos, y poder responderles de la mejor manera, es decir, haciéndoles realidad sus reclamos.
Esa es, en definitiva, la misión que le corresponde cumplir a quienes nos gobiernan.
Nunca debemos conformarnos con lo realizado, siempre habrá demandas para satisfacer, y por tanto mucho trabajo por desarrollar para alcanzar los mejores niveles de vida, que por lo general están lejos de las aspiraciones de aquellas familias más sufridas del medio.
Que estos episodios, tan comunes en la escena política, sirvan para estrechar filas por el bien de todos, y sobre todo de quienes más lo necesitan.

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